viernes, 28 de noviembre de 2008

Tordelli reloaded

A pedido de un compañero les cuento un poco más de Tordelli. Tordelli decía: “Hoy tengo ganas de fornicar”, pero tenía una expresión un tanto más intensa, presumo yo que para los momentos de mayor ganas. En esas instancias directamente exclamaba: ¡Qué ganas de fornicar! Y bufaba, ya no era un suspiro. Eso lo decía muchas veces cuando pasaba cerca Amanda, una señora de cincuenta largos con un cuerpo de vedette enfundado en jeans hiperajustados, remeras hiperajustadas y una cara de vieja amargada por haberse tenido que comerse –en su opinión sin merecerlo- muchas pijas. Esa Amanda tenía una hija que era la secretaria "privada" de un viceministro –uno del noveno, de los pisos más encumbrados-. Era como la turrita también amarga; tal vez por tener que entregar el ano a un viceministro de barba; o bien precisamente por estar envanecida de recibir las bondades de ese viceministro de barba que se parecía a un monje productor de whiskey. Cuando venía esa turrita –que se llamaba Liss-, Tordelli no decía nada. Guardaba cierto desprecio por esa chica; vaya a saber si por su convicción de hombre integral o porque quería dejar en claro que su interés estaba fijo en Amanda. El caso que Amanda era una vedette de los 70 consumada; y su hija una turrita de los 90 también perfecta. Eran una clara muestra de que el desarrollo de las especies no se detiene, avanza.

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"Hoy tengo ganas de fornicar"

A Tordelli lo conocí en el 2001; trabajaba en una dependencia pública del Gobierno de la Ciudad. Fue de las muchas personas que me tocó conocer en las diferentes dependencias públicas en las que me tocó trabajar. Y van. Soy como un experto en eso. Hugo Ángel Tordelli era su nombre completo. Tenía anteojos, era alto, flaco, usaba trajes de los setenta. La corbata mal planchada pero ajustada. Era, como me dije en su momento, (según mi inveterada tendencia al prejuicio), un hombre radical. Tenía toda la facha. Y pronto lo corroboré: lo era. Era un partidario del radicalismo "y le venía ya de familia". Hasta acá todo normal. Lo copado de Tordelli es que tenía un dicho: serio como era, cada tanto decía, “Hoy tengo ganas de fornicar”, y suspiraba. Ésa era su veta peronista. Tenía ese aspecto jodón que me hizo preguntarle: "Vos sos hombre de Nosiglia?"

miércoles, 26 de noviembre de 2008

la burocracia nipona

Caí en manos de la burocracia nipona; sí, no se puede creer, pero así es. El tema es más o menos como lo cuento: voy a un instituto de karate gobernado por nipones. Son todos severos y, como todos los severos, terminan armando reglas que derivan en la inevitable burocracia. Cómo será que te entregan una especie de pasaporte que tenés que usar a lo largo de tu vida en el “dojo”. Además de esa especie de pasaporte, tenés que usar un carnet y también tenés que llenar una ficha para cada examen. Para colmo, todo eso lo tenés que hacer en los tiempos que ellos te marcan. Para mí no es fácil: estoy hasta la coronilla de los pelpa, de la Afip, de los expedientes... Lo que me faltaba es dar con estos nipones rigurosos del karate y de los formularios.

Bueno, el caso es que a último momento llené los papeles para rendir el quinto kiú. Como fue en el último momento –mientras el profesor me retaba-, no sé por qué dudé y puse que mi categoría era sexto kiú “temporario”. No estaba seguro y preferí tirarme a menos –con el término temporario-, no vaya a ser que creyeran que truchaba mi “estado”.

A los pocos días al examen lo rendí bien; pero hay un problema: ahora soy quinto kiú “temporario”. El tema es que rendí bien pero, como puse “temporario”, y ellos te suben de a un kiú, ahora soy quinto kiú “temporario” y, “en apariencia”, según mi profesor, rendí medio mal. El término “temporario” –que me lo compré- “dice/significa” que rendiste medio mal. La solución es hablar con un jerarca nipón –el petiso sanguinario-, “para solucionar los papeles”: Ánimo me digo: ¡ni para el karateca la vida es fácil! De manera que ahora sumo un nuevo reto: debo enfrentar a la burocracia del sol naciente. No hay problema: daré batalla.

lunes, 24 de noviembre de 2008

En el nuevo gasómetro hay un hombre sabio

El sábado a las 21,30 me encuentra en la cancha. Piden un minuto de silencio y la hinchada no amaina. Es que es la Gloriosa. Yo estoy en la platea con un amigo. Hace cien años que no vengo a ver a San Lorenzo (de hecho no conocía el nuevo gasómetro) y vine por distintos motivos: uno porque quería ver a mi amigo exaltado en esta dinámica. Con él tengo afinidad espiritual; por eso quiero de ver de cerca cómo se transforma y adentra en este mito tribal. Dos: porque quería conocer cómo todos los de mi equipo lo hacen. ¿Por qué no lo hice antes? Porque mi historia es triste: de chico mi padrino me hizo de San Lorenzo y después de llevarme una sola vez a la cancha se murió jugando al tenis con mi viejo de un accidente cerebro vascular. Tremendo.

Y tremendo resulta el partido: perdemos 3 a 1 porque los jugadores no pueden hilvanar lo esencial: no dan con el juego. Eso es lo que pasa. Y es frustrante; es como cuando no le podés pegar al objeto de tu deseo. Esta noche no existe ninguna relación entre jugadores y pelota. Al menos del lado de San Lorenzo. Del lado de Lanús pasa todo lo contrario. Parece ser un tema astral. Con todo con mi amigo rescatamos dos cosas (era una noche dual): una fue la dinámica de la popular; ellos siguen alentando como monjes budistas exaltados y eso –visto la realidad-, está muy bien. Es un tipo de rito moderno y efectivo. Vale. Lo segundo: tuvimos a Woody Allen al lado con el gorro con los colores de SL –ese gorro característico de él, el que es para la lluvia-, y lo vimos como se imaginan: totalmente deprimido. Fue lindo.

También rescato al viejo de mi amigo. Cumplió lo que suponía: es un hombre sabio, es un hombre que a los 80 años está pegado a SL porque sabe a dónde hay que pegarse. Me dio una revista que hace los pibes de la pensión de SL. “Cría Cuervos” se llama. Lo destacable es que usa equipo de gimnasia con camisa; pocas veces se ve eso y pocas veces se ve a un señor como él: un hombre sabio.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Ultramodernos

El otro día pensaba: ¿por qué hay tantos putos en los gremios? Muchos argumentan que sólo les gustan los trava. Dicen que son los que mejor te la chupan. Dicen, pero la realidad es otra: eso lo sabe todo el mundo. El fenómeno responde a la misma lógica gremial. Paso a explicarme: los gremios son el terreno del ocio. Por eso también hay mucha falopa, mucho atraco. Y mucho sexo.

En los gremios hay marginalidad porque no hay que producir. O en realidad: lo que pasa es que los gremios son la institucionalización del ocio. En ese sentido son, y por eso siempre los quise, geniales. En un aspecto son la industria más creativa de nuestra sociedad. Ellos lograron vivir de lo que producen los otros.

Además, piensen: un buen gremio, por ejemplo, tiene veinte delegaciones en el interior, y un edificio central. Se trata de un edificio céntrico con diez o doce pisos. En su sede trabajan cerca de mil personas. Casi todas son gremialistas y tienen una función específica: establecer circuitos ilícitos (aunque ya a esta altura hasta descreo de que sean ilícitos). La idea, con la venia de la cúpula, es establecerlos y perpetuarlos; y eso, una vez que se llega a cierto dominio del tema, no demanda mucho. Ocurre que, una vez que esos circuitos se establecen, funcionan. Lo demás pasa a ser tiempo ocioso. Hay días y días en los que la dirigiencia sólo tiene que ir al sindicato para desayunar, almorzar, leer el diario, charlar, fumar, lo que se llama disfrutar la vida. Pero las tareas que no tienen que ver con nada te llevan a lugares muy distintos a los que, digamos, se presentan si hacés de la del laburante. O mejor dicho: la nada te lleva a la transgresión. Está visto: si el día no te impone barreras; si sos tan vivo que no te creás límites, bueno, entonces, te merecés ir un poco más allá. Y eso es lo que pasa en los gremios. Hay tipos que son tan creativos, hay tipos que tienen tantos huevos, que se van a un lugar más lejano. Y los lugares más lejanos son los más creativos. Por eso terminan haciéndose putos los compañeros. Creo que es entiende cómo es la dinámica, o no?

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Master of his own domain

Tengo un profesor de kárate que merece todo el respeto y más. Se llama el petiso belicoso. Mide 1,10 cm y, como se pueden imaginar, es un capo. Es un capo porque piensen un minuto: medir un metro y 10 cm y decir: ¿qué voy a hacer en la vida? Y responder: “Karate, cinturón negro de karate, eso voy a hacer. No mejor, no sólo voy a ser cinturón negro de karate, también voy a ser profesor. Voy a vivir de eso que se llama karate en los hechos.” ¡Qué grande! Ese petiso es un grande. Para obrar así hay que ser muy pero muy grande. Y mucho más si uno es profesor de karate porque uno acepta que es un petiso sanguinario. Y mi profesor lo es, lo sabe, y sublima por ahí, por el karate. A mi profesor (no hay la menor duda), le gusta la pelea. Es decir, le gusta que su alumnado se pelee. La fascina el contacto. A los petisos en general le gusta ver que los otros peleen –pasaba en la primaria con un petiso que se llama(ba) Arredondo, y pasa ahora en todos los cursos y lugares donde hay un petiso (en todos los hay)-. Es por eso que a este petiso le encanta el kumite; lo fascina la lucha frente a frente. Por eso es popular y feliz. Lo percibo con claridad. Cuando ve que dos alumnos se dan, es feliz. Es su dinámica, la dinámica del petiso belicoso. Un ser que concretó su oficio y puso su cuerpo y su mente donde tenían que estar. ¡Cómo lo admiro! Dios quiera que algún día todos nos ubiquemos donde tenemos que estar. Tal como lo hizo mi maestro.Violent shorty.

Sabrinita sálvate si puedes!!

Volví, como era de esperar, en búsqueda de Sabrina. Llamé para pedir un turno en llamas, llegué al depto en llamas, le pedí el “relax” al toque (por estar en llamas) y acabé pronto porque estaba que no daba más. Síntesis: derrapé por las llamas. Así fue. En un punto me sentí mal, pero el saber que todo era pago me trajo cierto alivio. Después, seguí con las averiguaciones. Lo principal era saber si Sabrinita se venía adaptando bien al ritmo de Caribe Masajes. Eso de que te pernen por día seis, siete y hasta ocho flacos no es para cualquiera. Al menos es lo que siempre digo.

Y sí, me puso contento saber que Sabrinita no se viene adaptando bien. Pienso que es un alma capaz de salvarse o alguna burrada por el estilo. O no sé…, pero el caso es que me lo dijo y sonreí contento.

Después, llegó el tiempo de los masajes. Calmos, como es ella. Pocas veces di con alguien tan buena haciendo masajes. Y se lo dije –porque a esa altura la conversación pasaba por qué mierda va a hacer Sabrina si se va de Caribe masajes...-. “Bueno, podés hacer masajes de una manera oficial. Tenés un poder curativo en las manos”, dije y la miré. Y mi comentario surtió efecto: ella sonrió. No hay dudas: que te concedan poderes siempre abona al ego. Le pone fichas. Eso no falla.

Después, mientras me masajeaba, divagué. Fui en búsqueda de mi última historia extra-oficial. Una de hace tiempo. Fue con una astróloga y por eso la añoro más que a ninguna. Fue una tarde de otoño; después de hacerme la devolución de mi carta astral en un altillo, esta señora tan elegante y tan cincuentona terminó conmigo en un lecho. Fue como tocar a una sacerdotisa, algo sagrado. Un hito: la visión de una vieja chupándote la pija; una vieja con unos pelos espeluznantes; una cabeza sacra que sube y baja en tu cintura y vos sobre un lecho en donde tantos fieles fueron a conocer su espíritu. Algo que bien vale otra entrada.

sábado, 15 de noviembre de 2008

Licio y el I Ching

Believed or not: el sábado voy con el auto por el country y veo que Licio, un vecino, está lavando uno de sus autos. Él tiene tres autos: un BM, un 306 coupé cabriolet y una 4 X 4. En este caso lavaba el 306, “porque me entretiene”, me aclara cuando me detengo para saludarlo. Rápido, aprovecho y le saco charla con un sola intención: --- Licio tengo un montón de soja, ¿qué hago? –Porque les aclaro: Licio es una suerte de cuevero, contrabandista, ex gerente general de una multinacinal, etc, etc.). Una persona que siempre envidié.

“Vendé todo ya” me dice con una franela en la mano. Y después su definición copada:“Cuando las porongas vuelan tenés que elegir la más chiquita y sentarse arriba”

“Pero yo no vendí cuando la soja estaba a mil…y ahora está 750”, digo.

“Por eso”, me aclara, “cuando estaba a mil, querías mil cien, cuando estaba novecientos querías mil, y así… Repetís la fórmula del fracaso... (en este punto sonríe con mucha autoridad); y después agrega: “Vendé.”

Por suerte, al día siguiente me llamó para jugar al tenis (cosa que nunca hace) y, en la cancha, me ratificó lo mismo. Todo eso me convenció un poco más. Así que el lunes, después de estar súper nervioso toda la noche, me levanto y, apenas pongo un pie en la oficina, levanto el teléfono y vendo. Vendo toda la soja que esperé tanto a una cifra decepcionante: siete cincuenta. Después de dar la orden cuelgo alterado. Y me altero más cuando me doy cuenta de que me olvidé de consultar al I Ching. Es tremendo: no hay vuelta atrás. Por un momento me siento pésimo. Después, decido tirármelo igual. Quiero saber si hice bien o mal (aunque sé que para el I Ching no hay bien ni mal, pero para mí, en esta situación, sí lo hay). Quiero saber si me equivoqué. Con desesperación, tiro las monedas al suelo y, casi temblando, anoto los resultados. ¿Y qué me sale? “La juventud necia”. El cabeza de rancho que se tropieza siempre con la misma piedra. Ese soy. El libro es lapidario. Pero en la cinco aparece cierta ventura: mi ignorancia no es completa, tengo al menos la capacidad de reconocer y escuchar al maestro: “Es Licio”, me digo. Licio me lo dijo claro: “Andaté al dólar”. Él es el maestro, pienso aliviado. “Dios lo honre y me enseñe a partir en dos la mediocre tabla de la moral. Licio es el maestro”, vuelvo a repetir ya un poco más alegre: “Licio gracie per existir! Sí ---repito---... ahora entiendo”, digo. “Licio, es Licio…”, y sonrío.

jueves, 6 de noviembre de 2008

Caribean Masajes

Hace tiempo que voy a “Caribe masajes" y puedo asegurarlo: son todas paraguayas las que atienden, a muchas las traen directo desde Asunción y otras vienen desde Ciudad del Este. No sé por qué, pero también puedo asegurarles que me gustan más las de Ciudad. Empecé a ir a Caribe Masajes hace diez años y mi debut fue con Araceli. La vi en platynum y me gustó. A diferencia de las que apuestan a ser guerreras, ésta tenía una expresión dulzona, cosa útil porque yo era tímido, tanto que ella, al final de la sesión, se desnudó solita y, una vez que se quitó la ropa, me preguntó si no la quería participar; así me dijo. Fue raro.

La cuestión es que, desde ese comienzo, quise que me pase lo que hoy terminó pasando. Qué pasó? Bueno, fácil: agarré a una paraguayita recién traída del monte. Fue como que estar en el agua, que salte un pez y uno lo agarre con la mano; un milagro.


El caso es así: hacía bastante que no iba a Caribe Masajes y decidí ir porque, entre muchas otras cosas, extrañaba ese aire a colmenar céntrico atorrante; además, la visión de culos en la calle había empezado a abrumarme. En todas las cuadras te azotan; es una guerra, ellos, los de la industria, tiene demasiados, y todos son demasiado perfectos. Y lo saben.

Una vez en el dpto, en la presentación –así llaman al momento en que las chicas desfilan-, descubrí una chica nueva. ---Sabrina, soy--; me dijo, y después, ya en el cuarto, me dijo lo increíble: --- No te había visto antes---comenté.--- Es que hoy es mi primer día---dijo--, usted es mi segundo cliente ---. Lo dijo y casi me infarto. --- Y antes qué hacías?

--- Hasta hace un mes trabajaba de moza---, soltó.

Después, le pregunté lo que pregunto siempre: cuándo garchaste por primera vez? cuántos novios tuviste?; cuándo fue la última vez que garchaste que no sea acá? Tenés novio ahora?... Le entregás la colita a tu novio? Esas cosas patéticas... Pero qué le vamos a hacer. Esas indagaciones son una religión adentro de Caribe Masajes y en este caso eran importantes.

Y así fue como Sabrina, súper tranqui, haciéndome masajes en la cola, me contó lo que quería saber. ---Sos tan tranquila que parecés pisciana---, conjeturé; pero no, todo lo contrario, resultó ser ariana. Eso hablamos mientras ella me hacía sus lindos masajes en paz. Pero el que no estaba tan tranquilo era yo: todo el tiempo elucubraba que de ahora en más a Sabrinita se le van a pernar unos ocho o nueve tipos por día. Y hacía cuentas.... Y cada vez era peor: me alteraba tantos tipos por un simple hecho del mercado porque quería agarrar toda esa divinidad sin explotar y seguir yendo por los próximos 20 o 30 días. En eso pensaba haciendo cuentas… Contabilizando cuánto sería prudente gastar en un caso como éste...

Pero al final pude dejar toda esa futurología y, una hora exacta después de haber ingresado, calmo, sintiéndome amigo de mi amiga, dije lo que digo siempre: ---Tratá de juntar unos mangos y volá de acá Sabri---Y me despedí de una divinidad guaraní a punto de ser masacrada en función del metal. Frase horrible si las hay.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

el regreso de los chetos vivos

El regreso de los chetos vivos

Hoy tuve una comida en una empresa, -supuestamente primera A- y el evento me sorprendió: todas las minas parecían sacadas del "último beso", (no si tienen esa películas italiana), y los flacos eran onda "el piola del equipo yankee de futbol americano". El que tira la bola. No sé cómo lo hacen; los hombres parecen americanos y las minas -que están buenísimas- italianas, o de las mejores francesas, ésas que viven en París y se parecen a Carla Bruni. Pero eso sí: el tono de mujeres y de los hombres es el mismo. Hablan como porteños chetos a full, ese tono que simula diversión. Todos los comentarios; todo lo que pasa es "divertido". En todas las charlas, no existe demasiada lógica. Sólo existe una liviandad que impulsa pequeñas olas sobre una playa estúpida. Así viven y así estamos. Para mí lo más increíble es que se trata de gente que vive en Buenos Aires y, por lo que cuentan, ganan fortunas. Trabajan en Puerto Madero, que es como otro rango.

Miro a los tipos con envidia. Miro las camisas; tienen gemelos y sus iniciales bordadas a la altura del corazón. Algunos fuman habanos. Y lo hacen con la suficiencia que te imparte el mismísimo objeto: el habano; el éxito de fumarte una especie de poronga... Las minas, por su parte, tienen unas piernas espectaculares. De eso no hay duda. El pelo y las piernas son directamente alucinantes. Lo festejo casi sufriendo: a muchas de estas divinas me las imagino teniendo sexo anal. No lo puedo evitar. Me intriga el tema en estos casos. Lo practican realmente? Si la respuesta es sí, me quiero matar. No puede ser que tipas tan histéricas lleguen a tanto. O tal vez sí, pienso. Y en eso estoy cuando viene un tipo y dice: "Me está pegando el champagne, men, lo peor es que hoy a mi nena la tengo que acostar…", y mirando una rubia infernal me abraza. Con él encima, siento muchas ganas de pegarle, y tiemblo, como un perro. "Está bien", digo; y me alejo al baño. Quiero echarme un poco de agua. La necesito. Algo fresco en la cara.