miércoles, 26 de noviembre de 2008

la burocracia nipona

Caí en manos de la burocracia nipona; sí, no se puede creer, pero así es. El tema es más o menos como lo cuento: voy a un instituto de karate gobernado por nipones. Son todos severos y, como todos los severos, terminan armando reglas que derivan en la inevitable burocracia. Cómo será que te entregan una especie de pasaporte que tenés que usar a lo largo de tu vida en el “dojo”. Además de esa especie de pasaporte, tenés que usar un carnet y también tenés que llenar una ficha para cada examen. Para colmo, todo eso lo tenés que hacer en los tiempos que ellos te marcan. Para mí no es fácil: estoy hasta la coronilla de los pelpa, de la Afip, de los expedientes... Lo que me faltaba es dar con estos nipones rigurosos del karate y de los formularios.

Bueno, el caso es que a último momento llené los papeles para rendir el quinto kiú. Como fue en el último momento –mientras el profesor me retaba-, no sé por qué dudé y puse que mi categoría era sexto kiú “temporario”. No estaba seguro y preferí tirarme a menos –con el término temporario-, no vaya a ser que creyeran que truchaba mi “estado”.

A los pocos días al examen lo rendí bien; pero hay un problema: ahora soy quinto kiú “temporario”. El tema es que rendí bien pero, como puse “temporario”, y ellos te suben de a un kiú, ahora soy quinto kiú “temporario” y, “en apariencia”, según mi profesor, rendí medio mal. El término “temporario” –que me lo compré- “dice/significa” que rendiste medio mal. La solución es hablar con un jerarca nipón –el petiso sanguinario-, “para solucionar los papeles”: Ánimo me digo: ¡ni para el karateca la vida es fácil! De manera que ahora sumo un nuevo reto: debo enfrentar a la burocracia del sol naciente. No hay problema: daré batalla.
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