miércoles, 19 de noviembre de 2008

Master of his own domain

Tengo un profesor de kárate que merece todo el respeto y más. Se llama el petiso belicoso. Mide 1,10 cm y, como se pueden imaginar, es un capo. Es un capo porque piensen un minuto: medir un metro y 10 cm y decir: ¿qué voy a hacer en la vida? Y responder: “Karate, cinturón negro de karate, eso voy a hacer. No mejor, no sólo voy a ser cinturón negro de karate, también voy a ser profesor. Voy a vivir de eso que se llama karate en los hechos.” ¡Qué grande! Ese petiso es un grande. Para obrar así hay que ser muy pero muy grande. Y mucho más si uno es profesor de karate porque uno acepta que es un petiso sanguinario. Y mi profesor lo es, lo sabe, y sublima por ahí, por el karate. A mi profesor (no hay la menor duda), le gusta la pelea. Es decir, le gusta que su alumnado se pelee. La fascina el contacto. A los petisos en general le gusta ver que los otros peleen –pasaba en la primaria con un petiso que se llama(ba) Arredondo, y pasa ahora en todos los cursos y lugares donde hay un petiso (en todos los hay)-. Es por eso que a este petiso le encanta el kumite; lo fascina la lucha frente a frente. Por eso es popular y feliz. Lo percibo con claridad. Cuando ve que dos alumnos se dan, es feliz. Es su dinámica, la dinámica del petiso belicoso. Un ser que concretó su oficio y puso su cuerpo y su mente donde tenían que estar. ¡Cómo lo admiro! Dios quiera que algún día todos nos ubiquemos donde tenemos que estar. Tal como lo hizo mi maestro.Violent shorty.
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