jueves, 25 de diciembre de 2008

El señor dientes de oro

Esa noche dormí muy mal. Soñaba que en la cancha de Boca, mientras salía de la popular, un grupo me empujaba y me amenazaba con violarme; la escena se repitió a lo largo de la noche con variantes; un hombre con dientes de oro me obligaba a acostarme boca abajo en el cemento, yo le decía que el piso me quemaba; después todo era confuso: un antiguo profesor de geografía me agarraba de la mano y los dos bajábamos por unas escaleras caracol de una madera muy lustrada... Eran las escaleras de la parte de servicio del colegio. Lo que no fue nada confuso fue el mensaje que encontré en mi celular esa mañana. Era de Tordelli y decía: “Buen día don Rupert ---el don me pareció sardónico---, bueno, ahora sólo espero salir con usted y su mujer; lo felicito; me pareció realmente impactante; espero el llamado”. Borré el mensaje como un acto reflejo: fue por la desesperación. En pocos segundos ya tenía un temblor. ¿Tordelli había preparado todo su ofrecimiento para pernarse a mi mujer? Me pareció improbable que Carola pudiera darle cabida; pero después pensé: “Este Tordelli… ¿acaso no es capaz de lo impensable? ¿Qué estrategia emplearía esta vez? La manos se me pusieron duras; quise sonarlas; la desesperación me llevó hasta el comedor diario: ahí me mujer desayunaba con total placidez; untaba las tostadas ajena a lo que le vendría: Tordelli iba a terminar taladrándola; eso era seguro. Quise abrazarla. Tuve el mismo arrebato que con Flavia. Pero me contuve. ¿Cómo podría evitarlo? Descubrí que a Carola la quería como algo mío, como lo más preciado. Me pareció entonces increíblemente hermosa; espléndida, esta vez a su belleza la sentí nueva. ¿Cómo Tordelli se había convertido en mi peor pesadilla? ¿Acaso no era mi Maestro? Mi vida antes de conocerlo tenía un cauce. Todo iba bien y Tordelli vino a deshacerla. ¿Pero por qué? ¿Qué me tenía el destino reservado? ¿Un vínculo con algo profundo y tal vez sagrado? Esa fue la presunción que tuve cuando me acerqué a él, pero ahora Tordelli entrañaba un desafío esotérico y, lo que es peor, tan inmenso que podía acabar con mi querido destino. Pero después de todo ¿quién dijo que a mi vida tan bonita lo tenía asegurada?
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