jueves, 18 de diciembre de 2008

Mi Maestro tiene un gato?

Los meses siguientes seguí en el mismo tren, el maniático. Seguramente porque no me hice coger ni nada por el estilo. La idea de tocar a un hombre me seguía sin resultar. Sólo daba vueltas y vueltas sin resolverme. Sabía que algo no estaba bien con mi masculinidad pero también era consciente de que el tema no pasaba por el acto en sí. Garchar, la experiencia de que me rompan el ano o rompérselo a otro, no iba a cambiar mi sensación: la de ser Elenita. Tampoco la iba a consagrar en un punto beatífico. Al menos tenía la suficiente lucidez como para detectar que “el quid Tordelli” iba más allá de una conmoción anal. Si algún día llegaba a la putez o no sería por otra cuestión; pero seguro que no valía la pena llegar así. El punto era definir mi centro masculino y femenino. Eso al menos lo veía. Pero también estaba mi dramatismo, mi tensión. Mi mujer por supuesto no aguantaba mi debacle. Me había elegido como “un ser éxito” y mi deslizamiento no la alegraba. De manera que, además, tenía que cargar con ese aspecto y con sus reproches. Y en parte era mejor. Era mejor que todo llegase a un punto de más verdad. Tenía que ir hacia la crudeza. Por eso el encuentro que tuve con Tordelli de casualidad –aunque las casualidades no existen me diría él- estuvo muy bien. Fue en el Conrad de Punta del Este un fin de semana. Estuvo muy bien porque me lo encontré en una escena insospechada: lo vi jugando a la ruleta con dos popes del sindicato. Estaba en la sala vip. A su lado había una rubia de unos cuarenta años: el gato rubio de uñas rojas y anillos grotescos que siempre soñé. Me gustan sus pechos bien hechos, los 110, la nariz falsificada; sus ojos pintados y su boca de cubre pijas. Me fascina por su altura, por su brutalidad. Es lo que llamo una mujer absoluta. Mucho más que un objeto sexual. Algo espectacular y burdo a la vez. Fue un golpe que me hizo pensar mucho: contra todos mis pronósticos, esa señora resultó ser Flavia, la mujer de mi Maestro.
Publicar un comentario