martes, 20 de enero de 2009

El maestro habla una vez

Ayer una tormenta llegó a estas playas y barrió mi placidez. Más tarde, en sueños se presentó Tordelli –quién sabe proveniente de dónde- y, con esa mirada llena de vida y de amenaza, vestido como un sacerdote del antiguo Egipto, me conminó a que saliera de mi letargo. “Para vos, en este momento, es bueno el hacer” me dijo. Yo le contesté que después de tanto tiempo había encontrado algo de paz y que, por supuesto, la quería disfrutar. Me la merezco, acoté. “Es que ¡ah! –lloré de forma sensacional - ¡Por Dios! ¡Mi tarea a veces me resulta titánica! ¡Relatar una epopeya y a la vez sostener todas las cosas que me encargaste que sostenga! No es fácil, nada”. Él sólo se limitó a hacer una reverencia oriental –diría que del tipo nipona- y se esfumó como un verdadero mago que es.” Entonces recordé lo que dice el libro de la sabiduría china: “El maestro habla una vez”.

Hoy, 19 de Enero de 2009, están por cumplirse dos años –el 24 será la fecha exacta- del día que Carola desapareció en un velero de bandera francesa mientras navegaba con un corso llamado August Reynal. La tragedia fue cerca de Saint Barth, en el mar Caribe. A veces soy muy infeliz porque la extraño. Otras disfruto la tarea que Tordelli me ha encomendado. Pero no es fácil, ya lo dije. Mi vida nunca lo fue. De todas maneras, no quiero desarmar la cronología de mi relato. Prefiero dejar la descripción de Carola y volver a donde estábamos, al verano del 2001. Un tiempo propicio para recibir las energías que estaban aún por llegar. Las de mi tipo predilecto –aunque las padezca- las plutonianas a ultranza, las escorpianas: el máximo dolor y poder de transformación. El arte de todo brujo capaz de curarnos. Mucho más cuando integra la energía más revolucionaria –urano- y le suma la estructura capricorniana. Todo eso y más era lo que Tordelli me iba a enseñar.
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