martes, 24 de febrero de 2009

La hawaiana bordó pega más

Abrí la puerta y apareció frente a mí Tordelli, inexorable, pletórico, majestuoso, de camisa hawaiana bordó, pantalón blanco y mocasines blancos. Nunca supe si venía de una fiesta de disfraces o qué.

---- ¿Qué anda pasando mister?--- preguntó, parecía inusualmente feliz.

---- Flavia…, se desnucó en el baño ---dije lo más lacónico que pude.

--- Ohlalá! ---dijo Tordelli sin perder ni un poco de su felicidad. ----Veamos…---agregó, y fue conmigo hasta el baño.

Una vez que miró bien el hermoso cadáver, sardónico me preguntó: ---¿Te la llegaste a tumbar?

---No…, se desnucó antes ---dije.

--- ¿Pero antes te rompió bien el ano, no?

Yo me limité a callar.

----Bien--- dijo. Parecía complacido con lo que había pasado.

---Bien, bien… --- repitió con la vista fija en Flavia. --- Una pena ---dijo después.

---Sí… ---me limité a decir.

----A esta lady lo mejor es que la hagamos desaparecer.

---¿Cómo? ---dije yo.

----Después te explico...----dijo mientras, acuclillado, husmeaba la concha de Flavia. No sé qué olía, pero su gestos, su propuesta, todo empezaba a darme pánico. Uno intenso. Supe entonces que con el llamado a Tordelli había elegido caer en las fosas. Y ahí estaba con mi maestro. Yo gladiador, él insondable.
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