lunes, 30 de marzo de 2009

Me están llenando el bote

Después volví a sentir el espacio de mi infancia. Animales pintados en cartulinas pasaron por la noche. Un tigre, un león, un elefante sonriente, dos focas…, y enseguida apareció Flavia. Llevaba un vestidito corto, blanco y a lunares negros y tenía unos zapatos colorados preciosos. Nunca la había visto así; ahora me sugería desde el más allá algo tierno y atractivo a la vez; quise contárselo a Tordelli pero ningún lenguaje sería capaz de expresar mis sentimientos. Y esa impotencia me alegró. El mundo complejo e inalcanzable había regresado. Puse un brazo en su hombro. Quería significar así la hermosura del momento. Y supe entonces que con su muerte Flavia empezaba a hilar puntos dispersos y envolvía las cosas hasta construir conjuntos dotándome de sensaciones.

Tordellli en ese instante dijo: ---- Era una mujer extraordinaria… El sentido de su partida será algo que deberemos desentrañar… Las cosas ahora se presentan diferentes a lo que había imaginando…---y miró sus pies.

Pero esa confusión no me alarmó. Todo lo contrario, me acercó más a él. Lo hizo más humano, un semejante. Era tan precioso el momento: un barco en la oscuridad, la bahía en calma y un cuerpo perdido en el fondo del mar. Un cuerpo hermoso y perdido para siempre. Las estrellas sobre nosotros, incontables. Casi de inmediato apareció Carola. Mi mujer, ahora lejana, a quien evocaba por la partida de Flavia, estaba sentada a mi lado. Y volvieron también mi madre y mi abuela. Estaban, de alguna forma, las tres en el barco, una chalana que se fue poblando de mujeres que tenían que ver con mi vida. Y de pronto eran montones: maestras de colegio, mucamas, vecinas, madres de compañeros, hermanas, ex novias, amigas de Carola, hermanas de Carola… Tordelli, en mi delirio, extrañado, las miraba. Era un arca de Noé femenina bien rara.

sábado, 28 de marzo de 2009

A night at the opera

Tordelli me miró y no dijo nada. Estaba como abstraído. Me pareció que con la vista en el agua meditaba.

----Bueno --- dije ---ayudame a levantarla. Flavia se va para el agua.

Tordelli me ayudó y, entre los dos, tomando impulso, él en sus brazos y yo en sus piernas, como quien juega con un chico, la tiramos al agua. Fue rápido. E igual de rápida fue la reacción de Tordelli. Diría que instantánea. Ni bien Flavia tocó el agua, Tordelli fue detrás. Al principio fantaseé que había elegido el suicidio. Pero no, se tiró al agua como un rayo, tomó a Flavia entre sus brazos y, en una escena de verdadero dramatismo, empezó a bailar con ella. Al menos fue lo que me evocó el momento. Me hizo acordar a una película de Esther Williams. La luna en el agua creaba un hálito plateado. El agua estaba en calma, como si no importara que estuviéramos bien lejos de la costa, en el medio del mar. Tordelli seguía abrazado a Flavia, mirándola, besándola, incluido en un sentimiento de tristeza, pasión y locura. Recordé mis idas a la ópera con mi abuela. ¿Qué busca este hombre? Me pregunté. Por un momento creí que con ese rito Tordelli sería capaz de resucitarla. Llegué incluso a creer que Flavia abría los ojos. Pero estaba equivocado. Lo supe enseguida, cuando le dio un beso en la frente, hizo una cruz frente a su cara y la largó y Flavia, como si hubiese estado en el aire, desapareció. Se fue al fondo. Fue drástico, profundo y trágico. Tordelli después nadó hacia la chalana.

Cuando por fin subió, dijo: ---- En un tiempo sabremos por qué se tuvo que ir Flavia. Era un alma nueva…, no sé para qué vino con nosotros. ¿Qué función traía?...---se preguntó--- No te preocupes, lo sabremos pronto…---- dijo al fin. Y se tomó un objeto que tenía en su cuello, a lado de una cruz y lo besó. Miré bien qué era. Una chicharra negra y pequeña. Quise preguntar por qué la tenía, pero me pareció que hablar en ese momento era un sacrilegio, y me senté al lado de él a mirar la costa. Después intenté entregarme a la inmensidad. Sólo esa potencia podía mitigar mi tristeza, mi individualidad.

jueves, 26 de marzo de 2009

Un Tordelli y un funeral

José Ignacio estaba en calma. No había gente en el codo donde hay cuatro o cinco chalanas varadas. La luna estaba inusualmente baja y dos o tres nubes la tocaban. Alrededor de la península, el mar apenas se sentía. Era una noche de absoluta paz.

----¿Y ahora…? ---le pregunté a Tordelli.

---Y ahora vos me tenés que decir cómo va a terminar nuestra querida Flavia ---me respondió.

Esa falta de rumbo me desconcertó. ¿Estábamos embarcados en este tren en función de mis pareceres? Si era así estaba confirmado: participaba de una locura. ¿Acaso Tordelli no estaba guiando el entierro de Flavia según un sentido esotérico y sacro? ¿Qué estábamos haciendo sino?

---Bueno ---dije, y me puse a pensar ---- subámonos a una chalana….

---- Muy bien ---se limitó a decir Tordelli.

Miramos para constatar que nadie nos veía. Envuelta en una manta del telo, una escocesa, llevábamos a Flavia. Elegí una Chalana con un nombre excepcional “Il divo”. ---Bueno, arrancamos ---dije, y prendí el motor. Conocía bien esos barcos, el tío de mi amigo Ever –el hijo del casero de la esquina de mi abuela- tenía uno. Por ese motivo ir por la bahía me llevó a mi infancia. Lo miré a Tordelli, él también parecía disfrutarlo. Con los ojos cerrados inspiraba el aire. El efecto del agua cortada por nuestra embarcación nos daba una felicidad inexplicable. A lo lejos las luces del pueblo magnificaban ese sensación.

---Bueno ---concluí. --- Creo que es mejor dejarla acá.

Tordelli asintió con la cabeza. Por un motivo insondable yo había tomado el control del funeral.

---¿Si la arrojamos se hunde nomás? ---pregunté.

---Sí --- se limitó a decir Tordelli una tristeza desconocida en él.

---- Siento todo lo que pasó ---se me ocurrió decir.

lunes, 23 de marzo de 2009

Neptuno en los días

Me concentré en los dibujos del mándala y me dejé llevar. Busqué el símbolo que más me atraía. Lo encontré y me puse a mirarlo. Sin llegar a una conclusión, señalándolo, dije: --- Este me gusta ----. Tordelli miraba la hoja. Parecía concentrado en ciertos cálculos. Con lentitud, giró la cabeza y se fijó en mis indicaciones.

---- ¡Ajá! ¡Neptuno! Tu regente. Sí, sí, claro, hay que dejarla en el mar; no en el bosque, ¿pero dónde? ¿En qué playa? --- preguntó con entusiasmo.

Dije lo primero que se me vino a la mente. ---En la península de José Ignacio ----. También yo estaba excitado. Me sentía un médium o algo así.

--- Bueno, vamos ---dijo Tordelli, y replegó su mapa. Lo seguí. Fue el momento en que más me asusté. Opté por no pensar. Mi intención era dejarme ir. Que lo que sea que me pudiera llevar, me llevase al fin. Para distraerme le pregunté a Tordelli: ---Y a Flavia, ¿de dónde la conocés?

---¡Uh, bueno!, es una historia larga. A ver, el tema es así. Cuando tenía tu edad, en la mitad de un invierno, sentí ganas de parar la pelota. De tener una mina fija, qué se yo…, me sentí un poco vacío al llegar a los treinta y pico. Yo en ese entonces trabajaba en un Ministerio de la Nación –no dijo cuál era-. En ese Ministerio trabajaba una chica de Santiago del Estero. Era media árabe, una morocha linda. Empezamos a salir y de lo más bien… Era dócil, buena, una mujer en el buen sentido ---dijo----. Como necesitaba. Pero cuando empezamos a estar juntos noté que no se bañaba todos los días. Y fue tremendo ese descubrimiento, me liquidó. No es que tuviera un mal olor o algo así. Creo que era parte de sus costumbres. Se bañaba día por medio. Era de un lugar cercano a Catamarca. Chañar blanco era el paraje. Su familia trabajaba una finca de olivos y tenía, por lo que recuerdo, otras cuatro hermanas. Su padre, un hombre flaquito y alegre, decía que había empezado primero por las chinitas. Tenía cinco hijas cuando su mujer murió durante el sexto embarazo. Nunca supieron si se trataba de un varón… Bueno, el caso es que presumí que esa preciosura no se bañaba porque no quería abusar del agua. Solana, era su nombre. Solana Salman. El caso es que la terminé dejando. Nunca pude superar que no se bañase todos los días. Me resultó una barrera insalvable. Una lástima… ----dijo, y me miró con nostalgia-- Pero así fue…. ---continúo--- El punto es que unos veinte años después, en pleno apogeo menemista, me la encuentro un noche en Olivos en una especie de fiesta. Sí, era ella, estaba cambiadal; pero era ella. Ahora rubia, tenía operada las tetas y se hacía llamar Flavia… Era la mina de un apóstol de Carlos y sí, se bañaba cada día, de noche o de mañana…---- y sonrío de una forma tan emotiva que pensé que iba a llorar. Es lo menos que se merece nuestra Solana, Flavia o cómo se llame, pensé. Reapareció entonces la imagen del cadáver en el baúl. Tomar conciencia de esa realidad me hizo también sentir ganas de llorar. Pero ni Tordelli ni yo lo hicimos. Él sólo se limitó a prender el C.D. del auto. Y cuando sonó Abba respiró hondo. Me pareció sereno, consciente de que ese momento era nuestra verdad. Lo intenté imitar.

viernes, 20 de marzo de 2009

Consultemos el mapa

Terminé de leer esa hoja y miré para los costados. Quería ver dónde estaba Tordelli. Es que la lectura del texto, 2012, como lo llamo yo, me generó una necesidad: quería protección, y me sentí mal. Pero Tordelli no estaba por ningún lado; había desaparecido. Urgido, salí del auto y miré para todos lados. Tenía un dolor especial en la panza. Advertí que era la misma sensación que tenía de chico cuando me perdía. No sé por qué me perdía tanto. Llegué a creer que eran mis padres quienes intentaban perderme. Por eso había desarrollado una obsesión. No quería perderlos de vista. Era una meta imposible y cada vez que los perdía empezaba el big bang. Lo mismo cuando me tenían que buscar al colegio. Siempre, por lo que recuerdo, se demoraban. Todas esas cosas me vinieron a la mente mientras oteaba ese gran bosque donde estábamos. Entonces me puse a pensar en la cantidad de padecimientos que había tenido a lo largo de mi vida. Todos me parecieron insustanciales, forzados, hasta buscados sería la palabra. Pero el presente, el sufrimiento que tenía en ese instante, sí me pareció justificado. Todos los demás fueron inventados, pero este sí que está bravo, me dije. Estoy en el medio del bosque, con un cadáver en el baúl, y con un loco que desapareció… Miré la hora: las tres y cuarenta. Tres y cuarenta, repetí. Empecé a preguntarme qué podrían significar las tres y cuarenta. Y en eso estaba cuando, de la oscuridad, entre una cañas, apareció Tordelli. Parecía contrariado. --- No, no ---dijo---, la cosa no es por acá. No es acá donde tenemos que ofrendarla.

---¿Qué? –dije yo.

---Que este no es el lugar ---dijo en voz alta. Parecía enojado.

Feliz de que hubiera regresado, opté por decir ---Ah, bueno. ¿Y entonces? --- pregunté.

----Entonces vamos a ver otra vez el mapa. En algo le estoy chingando ---dijo Tordelli.

Y eso hizo. Desplegó el mándala lleno de símbolos en el capot del auto y volvió a consultarlo. La imagen fue adorable. Tordelli consultando ese mapa y yo a su lado intentando pescar algo. Intentaba aportar algo revelador. No sé por qué tenía la sospecha de que yo debería tener poderes o algo así. De otra manera no estaría acá, me dije. Alrededor nuestro estaban los árboles, hermosos, altos y, por sobre todo, quietos. Los grillos en el pasto cantaban. Más arriba, el cielo, sus estrellas y la luna, una inmensidad; un manto tendido para iluminar ese mándala.

domingo, 15 de marzo de 2009

Al fin una nueva Era!

Antes de seguir quiero recordarles una cosa: al momento de este relato estábamos recién en enero del año 2001. Es por eso que lo que sigue me resultó inclusive más increíble. Y lo que siguió fue esto: Tordelli manejaba consultando ese extraño mandala que para sus propósitos oficiaba de mapa. íbamos por el bosque que circunda el jaguel y, de pronto, satisfecho, Tordelli frenó el auto; se bajó, miró el cielo -se veía muy lindo en el lugar donde estábamos, bajos los eucaliptus-, y vino hasta mi ventanilla. De su pantalón blanco sacó una hoja doblada en cuatro.

--- Lee esto ---- me dijo.

La desdoblé y leí lo siguiente:

"2012 representa un quiebre en la conciencia humana. El fin de una Era y el nacimiento de otra. ¿Y qué es lo que muere? La actual dimensión del mundo. Lo conocido; las dimensiones de hoy serán superadas. Es por eso que es tan difícil imaginarnos cómo será el 2012.

Sin embargo, algunas ideas se pueden ensayar. Las formas de razonamiento, la mente, el lenguaje mismo, cambiará; los fenómenos podrán ser comunicados más allá de la palabra. Una forma de decirlo tal vez sea: el lenguaje oral o escrito será superado. Habrá una nueva forma de comunicación. Me imagino que estará mucho más centrada en la captación energética. En lo que llamamos intuición. La humanidad perfeccionará su capacidad de intuir. Y la intuición de las vibraciones energéticas de unos y otros llegará a un punto en donde lo que nos estemos comunicando sea más rico, mucho más importante que la palabra. Ese lenguaje ya existe; pero en la nueva era permitirá que la gente se conozca mejor, habrá más valoración de la empatía y sin las limitaciones que entrañan los términos. Parece extraño, pero si lo pensamos es algo que se verifica desde siempre. A partir del 2012 esa capacidad crece. Es por eso que las dimensiones intelectuales dejarán de estar exaltadas en desmedro de otras.
Otra cuestión, entre muchas otras en la que imagino cambios, es en la salud. La concepción del cuerpo como una dimensión integrada por diferentes energías que deben fluir de manera dinámica y equilibrada estará incluso más presente. También la noción del íntimo contacto que existe entre la persona con el medio. De alguna forma, el mayor registro energético, el mayor grado de sutileza que se espera a partir del 2012, intensificarán la idea –que ya existe, por supuesto- de que las enfermedades representan desórdenes energéticos que a veces tienen que ver con el enfermo y otras con su entorno. La medicina, de alguna manera, se focalizará más en captar y entender estos lazos. Aproximará entonces su mirada a la persona y cederá en su necesidad de establecer curas genéricas. Cada persona podrá ser comprendida según sus cualidades y, a la vez, se podrán establecer con más precisión cuáles son las energías de la humanidad.
En ese nuevo establecimiento, existen algunas energías que tienen que ver con estadios más primitivos de la conciencia humana que tenderán a menguar. Lo harán en pos de energías diferentes. La necesidad de tener lazos de pertenencia tribales, nuestro apego a figuras idílicas –clave de nuestra dependencia al ego-, todo eso va a caer en favor de formas más arriesgadas y más personales. El individuo en sí no necesitará estar sujeto, desde el punto de vista energético, a organizaciones que lo estructuren. Es por ese motivo que se espera que todas las instituciones comiencen a declinar en los tiempos que siguen. Pero la tendencia no será a favor del individualismo. Ni a favor de las experiencias pasadas que pretendieron ser de liberación. Se tratará de formas que son difíciles de imaginar; todas tienen en común la posibilidad de integraciones fundadas en la diversidad. Así, desde el punto de vista colectivo, se entenderá mejor la función que tiene cada aspecto o cualidad dentro de un sistema, inclusive hablo de los que aspectos hasta hoy son asumidos como nocivos, y que más tarde serán comprendidos de otra forma.
Como pueden ver, la nueva era que comienza nos llevará a entender mejor los fenómenos a los que asistimos. Esa mejor comprensión responderá al hecho de que habrá otro ámbito energético en la Tierra.
Estará más claro que todos los fenómenos están constituidos por fuerzas energéticas. Esas corrientes, esos lazos tan sutiles, a partir del 2012, los vamos a poder captar con mayor profundidad. Seremos conscientes de ciertos nexos que ligan a las personas unas con otras. Se trata de nexos que hoy apenas vislumbramos, o más bien que sólo nos asombran. “Esto tan extraño que me acaba de pasar, fue casualidad?” Eso dejará de ser una pregunta.
2012 es un quiebre. Y es inevitable: representa una crisis destinada a barrer con lo mayor parte de lo establecido; caerán las categorías –lo más lindo será que también cederá el amor por categorizar-, las instituciones, tal como las conocemos, morirán. Lo absoluto, las visiones fundadas en el blanco y el negro no tienen perspectiva de funcionar. Nos sentiremos en el aire. Después veremos en colores. " A continuación, manuscrito decía: "Miguel Ángel Tordelli" la letra me pareció hermosa.

martes, 10 de marzo de 2009

The boy with a thorn in his side

Ese vuelo tan extraño fue interrumpido por Tordelli cuando dijo: ---- Ya está querido (él emplea demasiado el querido para mi gusto).

---¿Ya está, qué? ---pregunté con fastidio por haber sido salido de mi trance.

---Ya está, podemos irnos; Flavia ya está en el auto --- me contestó.

Ya en el auto, mientras manejaba, mi amigo desplegó de su hawaiana un mapa, y a cada rato lo consultaba. Miré bien. El mapa era un mandala lleno de líneas, puntos y colores, algunos intensos y otros más apagados. Fue ante ese mapa que mi mente empezó a dudar. Al fin y al cabo ¿por qué seguía sosteniendo que Tordelli no era un loco? Para tranquilizarme me decía que ya me había dado muestras de ser un Maestro. Hubo señales, pruebas, me repetía. Pero a renglón seguido me cuestionaba esas muestras, ninguna era contundente.

De manera que me debatía entre darle preeminencia a mi mente y terminar con todo, acabar con mis locuras. Pero mi sensación corporal, lo que llamo la sensación más íntima y más inasible, me decía que todo lo disparatado tenía un sentido, un orden, era cuestión de esperar. Esperar, esperar, me repetía. Invocaba esa palabra para no tirarme del auto porque Tordelli a mi lado seguía consultando el mapa con calma, cosa que más me enajenaba.

Después, vino lo frecuente para esa época, empecé a jugar con la idea de un suicidio. Era algo que nunca iba a concretar. Me faltaban fuerzas, o mejor: ese show del suicidio era un entretenimiento, una soga que me permitía superar a Tordelli, superar la muerte de Flavia, la ida de Carola, mis instintos gays, mi falta de rumbo, en fin, la confunsión sideral, como la llamaría Tordelli después.

Una que resultó muy necesaria. Pero mientras tanto en mi mente, en la única dimensión donde vivía y sufrí me bastaba pensar que pronto iba a morir, que me iba a suicidar. Una idea bastante desesperada y triste, pero muy útil por lo estereotipada.

jueves, 5 de marzo de 2009

Una papaya y a volar

Inclinado, Tordelli seguía husmeando la concha de Flavia. Husmeaba y al fin terminó haciendo lo que me temía: se la empezó a lamer. Y lo hizo de una manera difícil de explicar, como queriendo sacarle jugo, como si fuera una papaya, un durazno o algo así.

Durante el proceso mis sentimientos eran ambiguos: por momentos me parecía que asistía a un episodio majestuoso, atractivo. Por otros me asqueaba y me parecía vivir una dimensión aterradora. Las consecuencias podrían ser extremas, imaginaba.

Una vez que Tordelli chupó lo suficiente –presumí que los dos o tres minutos que pasó bebiendo fueron suficientes-, se sentó como los orientales, se inclinó como se saludan en las películas de samurais, y con una solemnidad que directamente incursionaba en la parodia, ensayó una jugada que me aterró más de lo que ya estaba: con esfuerzo, dio vuelta a Flavia, la puso boca abajo, y una vez que estuvo derechita en ese piso de losa negra, mientras le abría los cachetes del culo, y le inspeccionaba el ojete como un clínico, dijo: ---- Estuvo bien, es verdad, recién no la penetraste… ---. Yo me limité a callar. ---Está bien. Hacerlo ahora, quedate tranquilo, no ayudaría para nada. Ya te voy a decir cómo limpiar el karma que tiene que ver con este ano.

Ese comentario lo único que hizo fue darme unas ganas tremendas de terminar con el asunto de Flavia, y sea como sea, garcharla. Al fin y al cabo, el cuerpo todavía existe, pensé.

Pero Tordelli, como para demostrarme sus poderes psíquicos. O para que tomara conciencia en la dimensión en la que vuela, dijo: ----Garcharla ahora, ya muerta, creeme, no te va a solucionar nada…. A esta chica ya la falta el alma. Se fue. Llegué tarde…

----¡Qué lástima! ---me limité a decir con la vista fija en el ojete buscando una señal o algo –cosa que me hizo ver, en mi delirio, que una espada blanca salía del agujero-.

----No, no creas, esto sigue un camino que está claro. Yo lo veo bien marcado. Despreocupate. Eso sí, ahora vamos a tener que ver cómo la sacamos de acá y la metemos en mi auto.

---¿Qué? ---exclamé. ---¡No estarás pensando en hacer la de “Buenos muchachos!”.

Tordelli sonrío. ---- Sí, algo parecido…---dijo---., pero por razones que hoy no vienen al caso. Es preciso que des conmigo el salto. ---, y me miró con una seriedad que me trajo a mi padre. Y eso me quebró, sentí ganas de llorar. Y lloré, fui a la cama y, mientras Tordelli terminaba de acomodar el lugar, me la pasé llorando. Lloré en esa cama redonda en donde una energía escorpiana basada en las múltiples fornicaciones, prácticamente, me levantaba.

Por fin, aunque entonces no era consciente de lo que les voy a contar, mi registro energético se abrió. Volaba, apenas, pero en mis llantos, poco a poco, liberado, de cierta forma, volaba.