domingo, 3 de mayo de 2009

el camino tejano

Me propuse averiguar si Flavia tenía una hermana y al mismo tiempo sentí alegría. Lo mejor era hablar con Tordelli.

----Hola,cómo andás maestri?

---Bien, bien.

--- Te llamo para preguntarte algo, ¿ Flavia tenía una hermana?

---- (silencio) Sí, una menor, Eleonora. Vivía acá en Buenos Aires. Estudiaba para ser contadora. .. usaba lentes… Pero no la veo por lo menos desde hace cinco o seis años…

---- ¿Y dónde la podré ubicar?

----Dejá, yo me ocupo. Te llamo en un rato.

Así es Tordelli, una diligencia. Deslumbra en su logística. El caso es que a la media hora me llamó y me dio nombre completo, dirección y teléfono de la hermana de Flavia.

Anote todo y después, con la vista en la anotación, pensé cómo sería hermana de Flavia. Me imaginé su cuerpo y, por esas cosas que no se explican, vi su concha, de cerca, en detalle, me metí incluso entre sus labios. Como si un ánima, una energía capaz de penetrarla. Y lo hice, así, a la distancia. Fue inédito. Después, tomé el teléfono y marqué. Del otro lado me atendió una voz que tenía un acento norteño.

---¿Hola Eleonora?

---Sí, ¿quién es?

----Rupert, así me dicen, un muy amigo de tu hermana. Quisiera verte.

----¿Ruper? Nunca la escuché a Flavia pronunciar ese nombre ---dijo con un tono vacilante.

---- Sí, no sé..., me llamó Lucas en realidad ---consentí, y agregué: ---Yo estuve con ella al final…

----Bueno, adiós ---dijo, y me colgó.

Sentí pavor. Miré el aparato con la idea de volver al papel. De pronto, había nacido esa fijación por el papel, quería concentrarme en las palabras: estaba seguro de que podía hacer cosas potentes con sólo focalizarme en el nombre. Y eso hice, con seguridad, miré cada trazo, cada letra y la acaricié sin conocerla. La imagen de esa mujer era vaga. Por momentos, se parecía a la Virgen, por otros a mi abuela, después, a una chica que apareció una vez en la revista Playboy, una tejana. Tenía botas, las marcas de la bikini, un cinturón, una pistola, nada más. Decidí besarla por todos lados, de a poco, empezando por los pies, atento a su respiración y, de la nada, excitado, empecé a pajearme, en trance. Pasa muy pocas veces. En el último momento, casi al acabar, vi un planeta, grande, formado por pintitas blancas, indescriptible, lleno de fuerza.
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