sábado, 22 de agosto de 2009

Escenas para la educación sexual del zarevich

Tercer Acto:

El escenario resplandece. Voz en off: --- Anoche, una joven pisó en falso... Son los riesgos de atravesar un lago congelado ---. Dos mujiks retiran una mujer del agua. Incluso congelada tiene una expresión feliz. Después, cuando la ubican en un abrigo, su piel parece más blanca. La miran. Está bueno grabarla para cuando las mujeres duerman y cada uno pueda masturbarse entre frazadas. El más pequeño se arrodilla junto al cuerpo y le acomoda el pelo; rápido, asoma su pija todavía blanda y le abre las piernas para formar una v corta. El otro mujik lo mira y enseguida lo toma por la espalda; forcejean.

El más caliente no tarda en darse por vencido y se queda en el piso jadeando. La cámara se aleja. Los hombres ahora son dos puntos en el blanco; el público aplaude.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Escenas para la educación sexual del zarevich

(Se apagan las luces)

Segundo Acto:

El público se reacomoda. Un lacayo con voz aflautada, dice: “La representación que ustedes acaban de ver se trató de un sueño mancomunado”. Ordena unos leños (la chimenea es inmensa), enciende un fósforo y, mientras crece el fuego, toma distancia.
A medida que se aleja, vemos una mujer que amamanta en un sillón dorado; tiene facciones suaves, demasiado suaves para ser rusa; tal vez sea escandinava.

Arranca un piano. De pie, un militar enciende un cigarro mientras, parsimonioso, contempla la escena. Una vez devuelto el niño a la cuna, la madre se arrodilla frente al hombre, le baja el cierre y comienza a hacerle una felatio. El piano suena cada vez más lento. De pie, el hombre sigue fumando. La pija nunca queda en el primer plano que quisiéramos. La cubre la boca de la madre; hasta que sus labios terminan iluminados, da así a entender que ha tragado.

El piano culmina, se apagan las luces.

lunes, 10 de agosto de 2009

Escenas para la educación sexual del Zarevich -teatro-

Primer Acto:

Se ve un lago congelado: los troncos de los abedules son igual de blancos que la nieve. El cielo acompaña el blanco y una bandada atraviesa el fondo. En el centro vemos una bañadera; cuando la cámara se acerca, entre el vapor, vemos a un adolescente masturbándose. Al costado unos perros descansan, todo lo demás está quieto.

Se escucha un silbido y los perros se incorporan, pronto arrastran la bañadera como si fuera un trineo. El concierto de piano hace que el joven se masturbe con más saña. La cámara se aleja. A la distancia los perros arrastran la bañera en círculos. Cae el telón; es bordó con ribetes dorados. En el palco, el Zar y la Zarina aplauden, el piano se detiene. Miro a mi alrededor: hay muchos entusiasmados.