miércoles, 31 de agosto de 2011

Bajo el sol te penetro

Gatos que duermen cerca de un poste
que se alza entre vos que dormís
y yo que miro el cielo. Hay
montones de mosquitos que gracias
al off no se acercan lo suficiente
y hay un perro de un vecino
que al fin no ladra, y también hay un fuego
en el sol que nos quema hasta
hacernos sentir que el fin del mundo
se acerca y que debemos estar una vez más
uno encima del otro, como si garchar
nos fuese a salvar de algo. Como si el
placer de la penetración tuviera algún sentido
más allá de clamar esta ansiedad que, te digo,
me hace de todo: comerme las uñas, saltar
descalzo por mosaicos fríos, me enloquece
literalmente, que es otro de esos vicios
que no tienen salida. Porque escribir no es
como hacer cosas lindas en madera. Escribir es
usar demasiado la mente, es tener la idea
de poner algo en palabras y ese algo
es algo distinto, está más allá y no duerme,
no reza, es muy distinto a todo y es personal
y tal vez nunca se entienda, porque uno mismo
jamás lo hace. Por todo eso, bajo el sol
te penetro.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Resort

Nos zambullimos detrás de una
tortuga mientras un tucán
en su cuevita mira a unos
chicos que gritan sobre una isla
de la pileta. Gritan en inglés
pero deben ser canadienses.


Tengo la impresión que pronto
nadaremos con delfines, dice mi hija.
Y mi hijo levanta las cejas, sonríe,
y por un momento creo verdadero todo
lo que acá se mueve, porque si no
¿qué es el viento que nos anima
a permanecer en agua tan caliente?
Hay chicas especiales en las rocas,
si hay delfines cerca pienso,
vuelvo a sumergirme y noto que
la arena húmeda es otra de las cosas
especiales que la mayoría no advierte
mientras suspira y calibra lo bueno
que es disfrutar entre muchos
sobre un paraíso tan bien armado.



lunes, 15 de agosto de 2011

Vos mi amor

En la antigua reposera
te vi agarrar sin apuro
el diario; así era todo:
a un costado tu perro dormitaba,
en alguna parte las chicharras
celebraban que ninguna
delicadeza pesaba;
había ese aire de verano
y el cielo era algo que estaba,
sólo por ese día, para disponer
la escena que nunca pudo repetirse
en un nivel tan lindo,
diría: tan monumental.

Esto se llama presente,
dije cuando sonreíste,
y una chicharra cantó un
poco más fuerte, y otras
la siguieron. Y tu perro
a mis pies, genial,
aún dormitaba. Y el tiempo
se movía, y a mí me daba no sé qué
ese lento y seguro avance.




domingo, 14 de agosto de 2011

Los antiguos

El sol aparece y dan ganas de tocarlo.
Sí, lo sé, hay un mar entre esa
estrella y la terraza de esta disco
donde cientos de europeos intentan
disfrutar como si fueran del sur.

Saltan sin gracia a excepción del grupo
integrado, si entendí bien, por unas
eslovenas que ostentan esa hermosura
que las sustrae de lo posible.

Según calculo, el ochenta por ciento
de los que bailan son germanos,
los comanda un D.J. con una barba
larguísima, dura y radiante.

En el grupo que está más cerca una chica
con una capa y una tanga imposible
se para en una mesa y tambalea.
Atrás, en una pantalla enorme
aparece el desierto muchas veces visto
y la leyenda fenomenal: Welcome to Vegas
y hoteles, máquinas, limos.

El idioma de la música es brillante,
unas germanas saludan, el D.J. asiente
y el sol sube, se aleja; ocho y cinco,
pasamos el 2000 y en esta isla se baila.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Manejo

Uso los carteles que indican
las distancias para traducir
el tiempo mientras entono
lo que suena en la radio.

La veo perfectamente
desnuda en su cama
con dos pekineses
a sus pies como prefectos:
Atilio y el simpático Ramos.

Decía
mientras los acariciaba
que habían sido de su madre
la gorda que regenteaba
la farmacia del pueblo
donde pasé el verano que entra
en la historia como el tiempo
que vi a un hombre acuchillar a otro
y después, como un samurai,
cortarse las tripas.
Anganuzzi se llamaba la víctima,
dijo el comisario,
y del que me interesaba,
no dijo nada; lo miró apenas.

martes, 2 de agosto de 2011

En la senda

Hoy te admiro rodeado de
gente que quiere estar lo más
cerca de otro entre sombrillas
que guarecen bolsos, toallas, revistas
y diarios.

Un perro salchicha ladra y nadie le
dice que se calle; eso tiene la playa,
tiene esas cosas que molestan: lo más parecido
a gente mirándote los pies; o huesos de gigantes
esparcidos por un cementerio que
ahora, de a poco, va siendo desmantelado.

Hay que irse más allá, me gustaría decirte,
hay que reinar allá con tu precioso bikini gris
celeste y fucsia, delicia de una diseñadora
que estableció que entre su idea y vos habría
un contacto que yo celebraría como si se tratase
del infinito. Porque se entiende, estoy solo cuando
digo: sos la guacha divina
y por ser tal te enseñaría a ladrar.

Y ladrarías, allá, fenomenal,
ladrarías.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cuando ella emerge

Cuando ella emerge
te dan muchas ganas
de acariciarla, de frotarte
contra ella, de meterle
algo por algún lado.

El sol se acopla,
y la rocas, a lo lejos,
están cada vez más
infectadas de cormoranes,
casi todas están blancas.

El viento no cede, pero
tampoco perturba tanto,
los tipos que venden cocas,
parados al lado mío,
también la espían, me
pregunto si piensan lo mismo,
presumo que sí por la forma
que uno sonríe.

Ahora espero que ella se
acerque un poco, aunque sé
que por imperio de Dios
la posibilidad más certera
es hablarle en sueños
que atesoro en un subte
absolutamente nuevo.