miércoles, 30 de noviembre de 2011

Renzo nuestro CEO

Nuestro CEO es un hombre calvo aunque determinado. Le gusta su rol y que las cosas se hagan a su manera. Cita siempre una frase que atribuye a un filósofo chino sin dar su nombre; tiene que ver con la importancia de plantar un árbol aunque uno sepa que vienen los bárbaros. Es increíble, aunque me la ha repetido mil veces nunca la retengo. Lo atrae el programa En el camino de TN. No parece intrigarle en absoluto el sexo, ni comer y beber bien. Le gusta el trabajo bien hecho y la sensación del deber cumplido. Las cosas simples y más que nada ufanarse de esa supuesta simpleza. En un hombre que pretende ser justo y va a misa. Se cree esmerado con los suyos. Tiene hábitos férreos. Corre hasta cuatro veces por semana y comienza sus tareas temprano en la mañana. No lo afectan los vuelos largos como a otra gente –como a mí por ejemplo-. Respeta la cultura empresarial japonesa por sobre la americana y lee novelas históricas. Las de barcos que son leyenda en especial. Su nombre es Renzo y nació en un pueblo de la provincia de Santa Fe. Lugar donde va a pasar las fiestas. De su lugar se acuerda con cariño en momentos especiales. Los grandes acuerdos de ventas, por ejemplo.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Off Side Sofitel Cardales III

Al día siguiente nos tuvimos que levantar a las nueve, según nos comentaron, para desayunar con tiempo suficiente. A las diez empezaba una charla grupal. Balance 2011, se llamaba y fue un poco más larga incluso que la del último año. Tres horas clavadas. El motivo central fue la exposición que brindó el C.E.O. de la compañía evaluando, área por área, el porcentaje de cumplimiento de los objetivos cumplidos. Siempre con esos gráficos tan crueles y, de tanto en tanto, citas de Osho o personajes por el estilo. En mi caso se trata de un desempeño poco destacado pero al menos aceptable. De todas maneras me incomodé ante la mirada del dichoso CEO. Lo único interesante de esa perorata fue cuando tomé conciencia de que a los monjes benedictinos en el siglo XIV les pasaba lo mismo que yo. E incluso tal vez en lugares que le parecían demasiado modernos para su gusto. Ellos querían vivir en un clima placentero y no les era fácil. A veces llegaba el inquisidor y había quienes terminaban en la hoguera.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Off side Sofitel Cardales II

Al final, como había imaginado, todo resulto bastante chato. Nos llevaron hasta el hotel en una suerte de carrera de postas o búsqueda del tesoro. Fueron más de cuatro horas por toda la ciudad e incluso con hora y treinta de lancha por el Tigre. Difícil describir lo patético del raid. Lo importante es que algunos en bicicleta, se supone que los más entrenados, yo bastante exhausto junto con otros gerentes –son contados con los dedos los que logran el ideal atlético corporativo, un estado ciertamente de excelencia-, cerca de las seis llegamos y al fin pudimos estar sin ser teledirigidos. La mayoría fuimos a la pileta y disfrutamos la vista de la laguna, y más allá ese paisaje artificial que simula prosperidad. Pero a eso de las nueve había que estar de vuelta para recibir órdenes de la corporación y eso hicimos. Esta vez el programa era recibir mozos con bandejas de comidas y tragos. La decoración insistía en el concepto palmeras. Hay palmeras implantadas afuera y también dibujan palmeras adentro. Estábamos dispersos en sillones y mesas altas y el ambiente, se suponía, era apto para bailar. La música, cosa previsible, estaba bastante alta y hablar era un esfuerzo; así que había que limitarse a sonreír y pasarla bien. En total fueron siete horas. Tiempo en el cual uno trata de adaptarse al medio y a veces siente que lo logra (por ejemplo cuando baila un poco) pero enseguida cae en la sensación tremenda que te arroja a la cara el tan temido criterio estético, un impulso finalmente energético que te permite captar tu verdadera sensación, esa que atiende parámetros muy exigentes.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Off side en el Sofitel Cardales

Acá en la oficina todos esperan el evento del año. Off side se llama, un nombre que no puede estar mejor. Son casi 48 horas en el Sofitel Cardales; la mejor oportunidad para garchar una compañera de trabajo. En teoría se trata de eventos destinados a mejorar la interrelación de gerentes y empleados. Pero en la práctica es como dije, quién logra garchar. El que llega a eso se consagra. Así como triunfa –un poco menos díra yo- quien cambia el auto o viaja a un lugar exótico. Durante el año es el tema obligado.
Eso sí, no es lo mismo garchar una secretaria algo gordita que con una gerente poseedora de esos hitos que la asumen como sofisticada. Carteras Gucci, marido con plata, chicos en colegios de primera y todas esas cosas que se imaginan y tienen mucho que ver con los centros de estética y los cirujanos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El nuevo asistente

Entró el lunes nuestro asistente nuevo y lo supe: es una persona que acá va a hacer carrera. Tiene toda la pasta, tiene esa certeza; sin duda se dice a sí mismo que está frente a una oportunidad que vale la pena. Antes lo hubiese despreciado pero hoy casi me arrodillé frente a su pasión. Verlo era un espectáculo; lo atraen todas las cosas de la oficina, las máquinas, los biblioratos, los cuadros. Cada objeto por simple que parezca lo convoca. Hasta disfruta acomodar las hojas en la impresora. Las calibra perfectamente y las pone como si fuese un arte. Eso fue determinante.
Conclusión: tiene pasión por el sistema. Sí, es prematuro lo sé, pero creo que este muchacho puede lograr lo que pocos logran, puede llegar a dirigir la máquina. Eso se lograr con una pasión inmensa y este muchacho la tiene. Se sabe tocado por la mano de Dios de una forma íntima. Sobre las siete de la tarde, cuando por fin me iba y él continuaba apostado en su lugar -como queriendo constituirse en parte del inventario- me lo repetí: no hay que olvidarse, son gente sabia los que reinan.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Tu peso específico

Su excelencia es una construcción que te sujeta a un plano. Y todo lo que te sujeta a un plano te da seguridad, te restringe, te infla y te quita. Pero así es todo. Tenés que vivir en la esfera de lo posible y lo posible es ser un poco engreído ciertos días, estar abajo otros, dar gracias pocas veces. Por eso no discursear sino estar, y de nuestro peso específico vivir.

martes, 15 de noviembre de 2011

Tiempo libre

Estos días lo corroboro: el mundo corporativo, como todo sistema, tiene infinitos puntos; muchos de ellos muy intrincados. Hoy por hoy el más álgido es la escalada de mails que enfrento a diario. Suelo copiar a media docena de personas en cada mail y cada uno me copia en otros tantos. Resultado: envío y recibo más de doscientos mails por día. Los seres humanos nos hemos confabulado para contrarrestar la eficiencia que ofrecen las máquinas; el trabajo en el último tiempo se ha incrementado para generar más bienes y servicios y, como contrapartida, fuera de los monstruos societarios nuestra vida decrece. Forma útil, al fin y al cabo, para reducir un poco el ritmo de consumo. La necesidad primordial que toma fuerza cada vez que tenemos ese espacio que también nos genera ansiedad: el tiempo libre.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Un genio encantado

Tuve un sueño espectacular: estaba con Quique, mi profesor de historia de la secundaria en un Bagdad hermoso lleno de santa ritas, palmeras, noches cálidas y gente que iba y venía evidentemente de trampa. En una casa se veían, entre sombras, algunas mujeres; todas bailaban. Intrigados, entrábamos y pronto nos dábamos cuenta de que eran de mis compañeras de colegio. Las saludábamos, nos sentábamos en sillones como de living y Quique, mi profesor, sin decir agua va, le levantaba el vestido a una y le corría la bombacha y enseguida empezaba a chuparle la concha. Era Valeria Mancinelli, una chica alta y desgarbada. Yo enseguida percibía que iba a tener que seguir la misma senda pero cuando volvía a mirar a las chicas ¡ellas eran mis compañeros de colegio! A estos ni loco les chupo la pija, pensaba. Era evidente: por el lugar había un genio encantado...

martes, 8 de noviembre de 2011

Somos doce en total

Me dispongo a pasar otro fin de semana con mi amigo T, el alto jerarca judicial. Esta vez el programa es un asado en San Miguel del Monte con otros jerarcas judiciales y un tipo bastante marginal que al fin encontró su lugar como valijero de un gobernador. Todo parece de los más alentador. Las mujeres de algunos se han estirado un poco la cara, los señores disponen de cosas por las que vale la pena conversar en estas ocasiones. Todos esperan con entusiasmo las próximas vacaciones de verano y el vino no puede estar mal. Somos doce en total, me informa mi mujer. Ahora el sol calienta un poco más.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Círculo pisciano

Fin de semana. Viene un alto jerarca judicial a comer un asado. Lo recibo con meditados cuestionamientos al sistema. Mi queja primordial es la falta de adecuación de los procesos al desarrollo tecnológico. Es un tema que me pierde. La inutilidad de la mayoría de las acciones que se llevan a cabo en una causa judicial me desvela. Como era de suponer, el hombre defiende al sistema y, por esos milagros del psicoanálisis, no me irrito, más bien atiendo cada vez más a las bondades que me señala: la posibilidad de brindar una solución en la medida de las posibilidades y cosas así… Además, ver las limitaciones de los encumbrados siempre me aporta. Al fin, termino mostrándole un libro de Jung en donde analiza los fenómenos UFOS, los hoy no tan de moda plato voladores. Al despedirnos, nos abrazamos con cariño. Todo resultó bien.