Los peces saben que hablar sería
inconducente. Por eso se expresan
entre sí con gestos y modos que
todavía no desentrañamos.
Como tampoco desentrañamos las
expresiones que tienen que ver
con latidos de un corazón hermoso
al cual ni siquiera le atribuimos
existencia.
Y sin embargo el mar está lleno
de peces que no vemos ni sentimos.
Y ellos, sin que les interese,
lo surcan de a millones.
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