Camino por la orilla de un lugar que tiene tiburones pudriéndose como nunca antes al sol. También entre las rocas hay cosas que fueron espléndidas -se nota-, y hay montones de mujeres que van envejeciendo y como pueden intentan mantener su encanto metiéndose las tangas en el orto y cosas así. En el agua hay pendejas que no quieren salir. Es porque está recaliente. Y arriba hay albatros que revolotean como guardianes fantásticos. A los extremos de la playa, delicadas palmeras. El olor no deja de ser espantoso en ningún lado; alguien sugiere quemar leña.
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