jueves, 2 de agosto de 2012

Compendio de energías



Si cada persona es un compendio

de energías y a la vez recibe

de manera continua otras energías

que a cada instante producen

alteraciones en ese compendio,

la representación de esas energías

constituye un canal inexorable

y a la vez determina que el acto en sí

-ocurrido en cierto tiempo y espacio-,

sea el punto que más acerque al hombre

-condicionado por la necesidad de representar

energías-, a Dios, existencia sin condicionamientos

de ninguna índole, fuerza primigenia, libre y


omnipotente, que se representa a sí mismo,

mientras que el hombre tiende a representar

algo diferente a sí mismo, dado que es un cúmulo

indeterminado de potencias que pugnan por establecer

-sin demasiado éxito- un sentido. Pero, por supuesto,

Dios está en todas las cosas y a la vez en ninguna,

porque es una afirmación que se manifiesta

en postulados diversos pero jamás llega a materializarse.

Es decir, Dios es el mundo energético por excelencia:

una dimensión equívoca que -para ser aplicado a cierto

tipo de dominación- trae un sistema de premios

y castigos según quienes dicen qué es

lo que pretende y qué ha señalado.
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