sábado, 8 de diciembre de 2012

El amor en su dinámica política

Quisiera que, por ser algo tan deseable, te parecieses a todo lo que al amanecer se enciende al borde de un castillo con torres muy altas. ¡Son las brujas las que arden! Mujeres ultra poderosas, capaces de poner en riesgo el don de lo establecido. Lo que está en un terreno llano y finalmente conocido, y encarna la legitimidad que viene de lo ordenado. De lo normal. Toda transgresión, en el fondo, implica un golpe de la locura. Un azote que, para atacar la paz que se deriva de la hipocresía, elige el combate. Pero lo sabemos: los combates son por el poder. Por la potencia, por más volumen. Y el poder muy pronto termina sentándose en un trono para interpretar cierta normalidad. Y para eso se vale de la fuerza. Combate toda forma de transgresión. Esa que, como vimos, una vez que accede a cierto éxito, genera un estado de detención. Un esmero por preservar lo conseguido. Algo que ocurre en muchos niveles y, en poco tiempo, genera un nuevo quebrantamiento. El que le hace el juego a lo instituido.
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