jueves, 13 de diciembre de 2012

Las creencias como funciones, no como verdades


 

Es impresionante el proceso de elaboración de las creencias más intimas que, de una manera muy hábil, determinan instituir a ciertos poderes como los encargados de arbitrar una respuesta posible a los contextos más desgarradores: la muerte, el dolor, todas las experiencias que nos sitúan en puntos que nos hacen tomar contacto con el límite, con la impotencia, y son causa de la necesidad imperiosa que nos exige tener paradigmas, elementos capaces de funcionar como piedras de apoyo frente a la marea que nos lleva a un destino incierto, y por lo tanto arbitrario.

Esa es la dimensión más lúcida de las creencias, los pequeños animales que nos ayudan a mover el carro que nos permite andar, sobrevivir. No son especialmente verdades sino necesidades, referencias creadas por nuestro propio ser con la ayuda de muchos otros seres. Velas puestas en nuestro interior para darnos luz.    

 
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