martes, 24 de septiembre de 2013

Rambla


 

Rambla

 

 

Lucas Videla

 

 

 

 

 

 

 

 

1

Una nube sostiene la mano, y ella dice: es para conocer tu cuerpo, y yo, víctima de sus cosquillas, termino sumergido entre uvas verdes. Que no se vaya entre puestos y personas, pienso, convencido de que no va a volver. Y ella, con dulzura repite, no me voy.

 

Agradezco y miro: muchas rayas cruzan el suelo.

 

Es sabido: el amor tarde o temprano advierte que no hay espacio. Y a uno mismo le falta ánimo. Entonces, nunca se llega a ver la entrega puntual.

 

He permanecido con la mirada en distintos objetos; las calandrias se han ido, y sólo queda el aire que precede a la tarde cuando a la seis en punto se apaga.

 

2

En la orilla pensé que con mi caña no debería estorbar la evasión. El viento sobre los juncos y nosotros cubiertos con hojas. Había pájaros y el agua iba rozándonos.

 

Los peces nos parecieron tibios. Fueron horas acostumbrándonos, y arriba nubes en ceremonia, paredes altas, y un techo resquebrajado entre sombras de eucaliptus.

 

Eso y cada noche un buitre empotrado en la pared, con sus alas de ébano, custodiándonos.

 

 

3

En el cuadro un barco pasa y los tripulantes presurosos arrojan sus redes. Abajo, sobre la mesa, el sufrimiento que llevan las manos. El sufrimiento cuando intentan calmar a la boca, serenar un poco al cuerpo, aunque sea imposible; aunque más tarde debamos hacer lo mismo.

 

 

4

Es la hora del té. ¿No las ves? Diminutas en el agua también nadan, y yo las bebo.

 

Más tarde la foto, el pez sobre la piedra oxigenada, y las burbujas que corren entre piedras y se matan.

 

La perspectiva es caer. Bajar entre cardos con puntas violáceas y frutos que después de madurar son despedazados por zorzales. Mientras los adultos ensayan detrás de la puerta, en la oscuridad. Supongo que con el calor de una sortija agitada, mientras todo desparramado me marea, desespera y sonríe.

 

5

Vos aparecés y me decís: ---En el fondo una vela te permite admirar el polvo elevándose y el puesto. Y más allá está la ruta por la que casi no pasan autos. Ahora todo eso viaja como una forma de aliento: el panal que prendimos fuego mientras las abejas volaban y nosotros corríamos con alcohol y fósforos en la mano.

 

 

6

Te sigo. Parece todo calmo. Bordeo la pared y comienzo a ver la playa donde estuvimos con palmeras rozándonos sobre baldosas calientes, y te digo: ---Ahora sí, magnífico, el deseo. Y te sostengo; perfecta sobre el agua.