domingo, 11 de mayo de 2014

El lobo



1

Un viento en la cabeza

de todos los pensamientos

acerca de lo que es poesía,

de lo no que es. Suposiciones

que permanecen en el aire

y después bajan.

 

Pasa en los caminos. Un auto corre

y hasta los pájaros se alteran

y después todo se aplaca.

 

No hay forma de llegar

a lo que está enfrente.

Ni hay forma de nombrar

lo que sentimos en el espacio

de difícil acceso que es uno mismo.

 

Las cosas están, se rompen,

estallan. Explotan para generar dinámicas

de las que en un punto no sabemos nada.

 

Ni los propios sentimientos gobernamos.

No conocemos ni prevemos en profundidad

nada. Estamos bastante a la deriva,

¿saben?

 

Pero al menos tenemos nuestra imaginación.

Y ella no se congela, va, insiste

trata de perforar lo que existe

en pos de una realidad menos cruda.

 

En los fenómenos de la imaginación

está la posibilidad de un escape

hacia lugares donde la decisión no pese.

 

Quiero decir, sería lindo llegar

a una instancia en donde el aflojamiento sea tal

que hasta el cuerpo dejase de estar.

Y de la mente, ni hablar.

 

Va mi deseo: que la mente deje

su pretensión de llegar a tierra santa.

Es que a la pobre le señalaron una idea

y va. Desesperada, va, insiste, cumple esa función.

Ojalá me escuche: le pido que crezca.

Que se relaje y cante. ¿Y qué podría cantar?

 

Voces que de pronto se apagan

ante la imagen de un lobo.

que a pesar de todo nos ampara.

Y nosotros entonces, ¿qué hacemos?

¿Lo abrazamos?

 
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