jueves, 4 de septiembre de 2014

El niño y su herencia


Las maneras que hemos aprendido,

esas que nos constituyen.

No nos queda otra que lidiar

con esa herencia e intentar,

a partir de una tierra

ciertamente contaminada,

proveernos un contacto útil

con ese bagaje para conseguir algo

que tenga matices propios. Al menos,

un contacto con una necesidad

que percibamos como propia.

Hablo de un gusto, un placer, la realización

de un deseo que pueda decirnos algo especial,

algo íntimo. Lo que más precisamos saber:

eso que sentimos.

 

Pero lo que sentimos no puede ser algo

demasiado propio. A eso me refería antes.

Nuestros deseos son las coordenadas

por donde transitan nuestros sentimientos,

no son creaciones demasiado personales.

Están teñidas por un peso y una fuerza

considerable: la historia.

 

La propia, la familiar, la social,

la de nuestra cultura. Hay capas

que nos integran a niveles

que no nos permiten vernos

como una individualidad

en el sentido que solemos hacerlo.

 
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