domingo, 16 de noviembre de 2014

Las incisiones en uno



Las incisiones en uno
te alejan de esa luz virginal
que asoma en la primera mañana
que vas por el bosque y entonás una melodía
de lo más triste a tu ojos, los ojos 
que alguna vez estuvieron libres de toda culpa.

Eran ellos tan pero tan pequeños 
que ni siquiera soñaban 
con esos inventos destinados 
a la regulación del prójimo por el prójimo.

De manera que las cruces a los costados
señalan tumbas: otra cosa más
que conviene contabilizar
como heredada.

Y pensar
que se trata de personas
que vivieron y murieron 
por los siglos de los siglos
en un camino que tiene algún sentido
si aplicás la palabra arte:
el arte de amar 
por sobre todas las cosas
que alguna vez estuvieron unidas
y que ahora parecen quebradas
por un viento que azota una costa libre 
de todas las especies que alguna vez conociste
y libre de los hombres que alguna vez trataste.

¿Se trata de una fábula más
que te plantea la mente en su derrotero
por un espíritu que rara vez se muestra?

Es extraña la palabra y es extraña
la poesía: está cargada de imágenes
condensadas en un cuadro que al mismo tiempo 
debe ser pletórico y disfrutado por otros
para que de alguna forma adquiera sentido 
el esfuerzo por comunicar lo que vivís 
en el bosque rodeado de pinos y de cruces, 
y de esa luz virginal que al mismo tiempo
rememora la costa indómita.

Es rara la palabra 
cuando uno la suelta 
y parece que las gaviotas arriba la captan 
y la toman para ejercer vaya a saber qué acción
que las libere un poco más mientras uno sigue abajo.
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