martes, 18 de noviembre de 2014

Papá y mamá

Lo espeluznante de los opuestos
esas opresiones que te llevan
a las batallas que ocurrieron en otras
mentes, e incluso en otras vidas,
pero que ahora son las tuyas,
las infamias de correr el velo
para ver esos padres relamiéndose
con su propia brutalidad
y por otro lado las margaritas
altas, fortuitas, y a la primera
de cambio, su decaimiento
su caer por falta de agua.

Siempre es lo mismo
cuando amanece
los pájaros cantan
el sol se alza
hay perfecciones
por todo el espacio
que uno intenta captar en el poema
después de una noche horrible
porque han eclosionado
las vivencias que soporta
el cuerpo como puede
y que vienen de la mente
directo.

¿Hay posibilidad de continuar
con la escritura después de eso
hay un lapso en donde
el estar todo dicho
da lugar a un silencio
que al fin es cálido
no opresivo
y que está reclinado
en la guarida de un duende
que es apenas malicioso
y que se divierte con uno?

Porque así debiera ser
¿o no? Uno debiera ser ligero
debiera ir sin conseguir: ése sería un buen
lema para instalarse con una carpa
en el corazón de las cosas más
urticantes y desde ese lugar
construir la propia selva.
O un bosque o lo que
se quiera, con tal de dormir
como entonces antes de que ellos
fuesen grandes.

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