jueves, 17 de marzo de 2016

Encuentro con M.

Nos encontramos después de veinte años o más
en la mesa de entradas de un juzgado
porque coincidimos, uno al lado del otro,
en el rol de esos litigantes
que esperan su momento para pedir
un expediente cargado de vericuetos.
Eran las ocho de la mañana de un
día de sol de marzo.

Nos miramos como diciéndonos sos vos,
y cada asintió en silencio. Y fue lindo.

En ese instante no recordé bien por qué
nunca tuvimos algo juntos en la facultad.
Supuse que seguramente por las trampas
de muchas nociones románticas
que no llegaron a desplegarse.
O por mi timidez, seguramente.

Vos te acordabas bastante algunas anécdotas
cosa que me hizo mucho bien.
Y yo quise aparecer ante tus ojos
como más amoroso de lo que era antes
-y creo que lo logré-.

Y te miré después de veinte años y pico
y supuse que cada uno de nosotros nos estábamos
viendo más viejos y, como si eso fuese penoso,
te recreé como te recordaba en la facultad
en busca del tiempo ido y tantas veces perdido.

Y los dos tuvimos que seguir nuestra recorrida.




Publicar un comentario