domingo, 3 de julio de 2016

Flexibilidad


Cuesta mucho desmantelar los mecanismos
destinados al castigo porque fue el castigo
el que nos puso siempre en la senda del deber.

Los primeros días en el colegio estaban para eso.

El deber de progresar, la obligación de irnos,
con sumo esfuerzo, hacia lo recto y justo,
y cuantas cosas más que tienen que ver
con una supuesta perfección que está en realidad
en una lejanía inmaculada y estática.

Lo veía en los iluminados, en los Santos. 
En el Padre y el Hijo mismo.

Una piedra magistralmente esculpida
en un patio de un palacio alto y soberbio.

Mientras que en realidad
a nosotros lo único que nos queda
es la sabiduría que se reclina sobre
un jardín que, después de una furibunda lluvia de verano,
renace en toda su celebrante dinámica
del acontecer de todas las cosas vivas.


Lo veo en los pájaros, y ellos cantan.
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