domingo, 9 de abril de 2017

Entrada al mundo

Liberar el tiempo y la necesidad de hacer
algo en especial. Ser concreto en eso.
Estar más allá de una voluntad
determinada por algún tipo de trascendencia.

Ser como los peces que van, remontan el río,
vuelven a dejarse llevar por la corriente.
Y todo porque les gusta nadar y precisan comer.

De esa manera -dicen los sabios y yo les creo-,
se puede llegar a fundir mi espíritu con la fuerza
mucho más grande.

El universo entero puede vivir en mí,
y yo mismo ser el todo, sin que en especial,
sea algo más allá de la imagen de un pez
que sigue plácidamente el curso del río,
que va, verde y transparente, como una
víbora arriba de la tierra.

Y así las imágenes continuarán
arropando mi cuerpo hasta que mi cuerpo,
solo, pueda estar sosegado por el hecho de estar,
de ser, estupendo, parte de todo.
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