miércoles, 4 de febrero de 2009

Extratordelli: Querida amiga, ¿te hiciste las tetas?

Vuelvo de la playa abrumado. Y lo peor no es esa sensación tan grande, lo peor es cuando la realidad te persigue y te alimenta: hoy iba por la calle y me encontré con una vieja amiga. Una que no valía mucho pero que desde la última vez que la vi dio “un paso” –y yo ni enterado-. Me puse las gomas, me dijo. Y me lo dijo “divertida”. Lo interesante es que ella no era divertida. Es cierto, ahora tiene motivos para divertirse: se zarpó bien. Cien o ciento diez, calculé a ojo. Un ojo que estaba como loco por otear. En el último tiempo no sé qué pasa, pero es una constante. Las amigas de mi jermu, las primas de mi jermu, y ahora mis propias amigas, todas las ladys, se pusieron gomas. Con algunas el encuentro en la playa fue un asunto difícil, álgido es la palabra. La peor, la más mala, fue una que las lucía un traje de baño blanco que en una goma decía Donna y en la otra Karan. No sé por qué, pero ese nombre, esa marca, me resultó lujuriosa en demasía. Me hacía muy mal mirarla pero al mismo tiempo no podía sacarle los ojos de encima. Llegué a soñar con esa marca más que con las gomas o la chica. Es que no es fácil el papel que me toca. Las veo a estas nuevas teutonas, felices, algunas con sus novios, otras con sus maridos, otras solitas, y me pongo a ensayar todo tipo de interpretaciones. ¿Por qué dieron ese paso tan bien logrado? Y en la búsqueda de respuestas me siento Lacaniano. Eso quiere decir que me confundo. ¿Cuáles son las razones que llevan a una mujer de treinta y pico a ponerse gomas? Mi primera respuesta siempre fue y es: Quieren pija! Pero el problema es que no me conformo con esa simpleza tan digna y empiezo a decir: “… pero también lo que quieren es impresionar a sus amigas. Hay un tema con gomorra en todo esto… Y también está la ecuación histérica…. No hay como caminar y gustar… Y con dos buenas tetas sí, está probado, lo lográs, deben pensar.

Con todo me interesa establecer ciertos rangos en torno a las mujeres con tetas hechas. Primero: me enloquecen las que se las calzan para coronar su éxito. Son geniales. Algunas son profesionales exitosas y otras mujeres de profesionales exitosos. Se saben consagradas y quieren lucir, más que la belleza, su éxito. Están en la gloria. Una gloria supuesta y ostentosa en el principio y en el fin. Lo que está en el medio, el interior, lo importante, bueno, de eso no se sabe –pero se sospecha-. Pero una vez más: lo importante es su actitud. Y su actitud es lo suficiente determinada para que yo, hombre gobernado por las imágenes, me la crea. Las de este rubro no bajan de unas gomas cien o más. Son las reinas.

Después me gustan las que siempre fueron feuchas y que ahora quieren levantar el rating. Y sí así sí, así ganan. Son mujeres que no decían nada y que de pronto, gracias a buenas gomas, empiezan a hablar. Y lo mejor: ahora logran dar de qué que hablar. Las celebro. Eran insípidas, algunas desgarbadas, otras de culos chatos. Muchas incluso con cara de ratas. No importa. A partir de las buenas gomas todo cambia. El mundo las empieza a querer y ellas lo notan. Y agradecidas te sonríen. Soy de la opinión que ahora garchan más y mejor. Sostengo –miren la determinación espantosa que empleo- que a partir de sus nuevas gomas: la chupan mejor, conceden el culo con suficiencia y gracia, e inclusive quieren ahondar en los etcétera. Son cuices exaltados.

Por último están las pendejas: ¿hay algo más adorable que una nena de veintitrés años que se hace las gomas? Considero que no. Los motivos son variados, pero en general puede resumirse el caso como: “… no se sienten realizadas porque les falta eso, lo esencial, los buenos pechos, lo que exigimos porque es una dignidad, una que está cien por ciento certificada”. Eso sí –la felicidad nunca es completa me enseñó mi padre-: son pocas las nenas que superan los noventa. Una lástima.

Con todo creo que la edad me está ablandando y me acerca al metal de una manera insospechada. Las que más admiro son las exitosas profesionales, las que se hacen las gomas porque se saben, se creen, brillantes. Esas las quiero: las espero para mi provecho personal.
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