Acabo de salir al balcón. Noche del fin del verano fresca con un viento agradable que va, corre. Acabo de levantar mi cabeza, acá, en el último piso, para mirar las estrellas. Unas nubes, casi nada eran, pasaban sobre ellas, esas estrellas mucho más distantes. Mi día fue importante. Me debo centrar en eso, me digo. Fui con mi hijo al palacio de justicia. Me vio en acción en una mesa de entradas. La presentación con dos jovenes. Mi explicación de por qué necesitaba hablar con cierto funcionario. El hecho de que el funcionario tuviera a bien por fin apersonarse. Luego, mi alegato de algún modo, mi esmerada diplomacia en acción con la mirada atenta de mi hijo a mi lado.
Debo darme cuenta que estoy viviendo los primeros pasos cerca de mi trabajo, junto con su primera día de un nuevo ciclo lectivo -el segundo- en la facultad de derecho. Me fijo en eso, lo escribo antes de irme a la cama.