Voy al taller al mediodía. Sábado. Fin del verano. Falta un día para mi cumpleaños. Ni bien llego, saludo al encargado y le pregunto si quiere un café. Suelo pedirle uno cuando llamo para pedir el mío. Me dice que sí. Abro el local y veo las pinturas. Le faltan definiciones, me digo. Los cuerpos y los paisajes todavía no representan un "lenguaje personal", diría un crítico. Pero continúo. Me da placer y eso es lo principal. Pinto un cuadro, luego otro, repaso al menos seis y les saco fotos afuera, en el patio.
Mezclo los colores. Azul y luego el amarillo con un poco de rojo -apenas- en pos de la vitalidad que encuentro en ciertos cuadros en épocas donde abundaban los reinos con bosques interminables. Quisiera encontrar algo en algún punto de mi lienzo. Un atisbo.