Salida de mi oficina a las tres de la tarde. Viernes, quiero disfrutar. He comido una ensalada comprada en un lugar atendido por chinos. La hija de la dueña, captó mi atención con su piel blanca y sus gestos tímidos o más bien contenidos y distantes.
Su madre hablaba detrás con un hombre en chino en un tono insoportablemente alto.
Al salir de mi oficina, caminé a toda marcha para lograr salir cerca de las cuatro de la tarde con mi pareja para la casa de fin de semana.
Seis y media por fin fui a nadar en la pileta del club. El momento deseado. Pero pronto llegó un grupo de gente y comenzó una clase de natación. La pileta se convirtió en un ir y venir bastante frenético mientras algunos miraban sus relojes midiendo los tiempo de sus recorridos. En el borde la parte baja de la pileta, un hombre supervisaba a estas personas y cada tanto daba precisiones en torno al modo de usar los brazos. Me puse a mirar los árboles, unos álamos carolinos, a mi derecha, con la cabeza afuera del agua mientras nadaba pecho. En eso una estrella blanca que venía de un árbol se posó en el agua.