El dueño del departamento que alquilo me genera una cierta tensión. Hay algo en él de poco serio, de ladino. Pero sé que tengo que dejar eso de lado y no otorgarle el peso que tiendo a darle. Me cuesta, no obstante. Más que nada, por esa inclinación mía a encontrar motivos para instalarme en el conflicto. Lo curioso es que no soy feliz en el conflicto, pero lo busco casi todo el tiempo, como si fuera una necesidad. Tal vez se deba a que, desde que tengo memoria, he estado centrado en aquello que me molesta. Algo me perturba desde siempre. Puede ser por mi alta sensibilidad, y por un narcisismo consecuente, o por otras cosas más difíciles de desentrañar. Esa perturbación puede venir tanto de los otros, como de mi propio cuerpo con sus molestias. Y sobre todo de mi cabeza, que tiende a llevarme a situaciones de encierro que ella misma idea. No veo que eso pueda cambiar en lo que me queda de vida. Por eso ahora, al fin, trato de tomar estas características como parte inseparable de otras más bondadosas. Y con todo, no es fácil.
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miércoles, 25 de junio de 2025
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Mis orígenes
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