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viernes, 27 de junio de 2025

Agrigento Mi hija

Había enfrentado a todas las ideas y ellas habían quedado, de algún modo, tristes, pero valederas, en su frente, para darle un poco más de dulzura incluso de la que ya tenía, gracias a sus modos amables, para nada forzados. Eran gestos que nacían de una sensibilidad gentil, cariñosa y más que nada proclive a generar toda la pena sobre uno mismo, jamás sobre los otros, que la tenían como alguien que mejoraba sus espíritus al punto de recordarla entre hortensias florecidas, con colibríes alrededor, un día en que todos fueron a disfrutar de una playa alejada, donde nadie pasaba, y entre unas rocas, unos peces de color amarillo y negro —cosa inusual en ese lugar tan atlántico— iban y venían, curiosos por su presencia, cuando ella los miraba.

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