jueves, 3 de abril de 2014

A la espera


 

Lo iluminado por algo que titila

en la medida que la luz se pierde

en eso que nombramos destino o fábula

y desafiamos para volver enseguida

a sentarnos a su lado.

 

Y eso hacemos. Nos disponemos

con los dedos cruzados

-hay muchas formas de decir las cosas-.

Y hay muchas cosas para nombrar

al inicio de los sentimientos que por algún motivo

se desangran dentro del cuerpo.

 

Ese que regula desde lo más alto

               la mente

la máquina que no se apaga ni se calla.

Ni permite sentirse controlada

por otra cosa que no sea

            su deseo

de comandar el desembarco

hacia una nueva guerra.

 

O por las expectativas que tiene.

Expectativas por encerrar

eso que nos obliga a enmudecer;

pero que en interior de uno está a los gritos:

¿reconocen ese tipo de malestar?

Muchos lo asimilan al calvario. Es una gruta

y se llena. Se llena a cada segundo. Los grillos, la gente,

la infinidad de cosas que se dicen, las piedras,

las ideas fugaces y las ideas recurrentes.

Las fosas ampliadas a lo largo del circo y la exuberancia.

La exuberancia de los nombres de los que alguna vez quisimos

y hoy yacen bajo los escombros de nuestro peso.

¡Pero qué cosa más mentirosa es nuestro peso!

Las arañas caminan sobre el agua (lo repetimos

para no ponernos tristes). Es verano hoy.

Y nosotros no podemos acompañar

el ritmo que se propone por doquier y se llama mundo.

No, no es fácil. No es fácil ser uno ni lo otro, ni quererse

uno ni al otro. Ni tomar las cosas a la ligera,

como dicen que hay que tomarlas. Ni escribir cosas

que valgan la pena. Y mucho menos hacerlas.

Y mucho menos querer a los que decidimos querer

al inicio del espanto que se genera

cuando se abren las compuertas y el agua fluye. 

Fluye el agua hacia un estanque. ¿Lo han visto?

Es negro y está plagado de arañas. Caminan sobre el agua.

Y, aunque no lo crean, cantan. Cantan en voz baja.

Cantan en un idioma que los más viejos comprenden

y los jóvenes captan, muy de tanto en tanto,

porque es ínfima la cantidad de palabras que saben.

 

Ahora es de noche. Los maestros se han ido.

Eso quedó en evidencia. Tarde o temprano pasa.

Y cuando ocurre, lo mejor es no desesperarse.

Porque ni la imagen de la Virgen te ayuda.

Y a veces, ni la idea del mismísimo Dios,

ni la idea del Espíritu Santo, ni todas las ideas,

que no son más que fenómenos, ayudan.

Nada ayuda. Las constataciones menos.

Las constataciones son las que te dejan

a la espera de que llegue el subte.

 

 

 
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