viernes, 5 de diciembre de 2008

toda función es aparente y esconde otra función más verdadera

Creo que llegamos a un punto en donde es conveniente que les explique qué hacía yo en ese Ministerio, y qué me ligaba a Tordelli. Mi misión (una vez convocado por un antiguo compañero también adicto al poder), era supervisar a la línea. En criollo: tenía que ver que los burócratas no curraran para ellos. Y entre esos tipos estaba Tordelli y unos cuantos más. Pero digamos que mi olfato, mi intuición, me había ligado cada vez más a Tordelli. Para el tiempo que les estoy contando Tordelli –si ahí dentro había una banda (como de hecho estaba seguro que la había)- era una pieza clave. Tal vez un líder importante. De lo que no había dudas era que no estaba solo. El gremio lo apoyaba. Había un curro que no estaba bien direccionado, eso seguro.

Tordelli por supuesto era muy conciente de cuál era mi rol en el Ministerio y, también por supuesto, sabía cómo neutralizar mis aproximaciones. Desde el vamos se manejaba con una parquedad que asumía al mismo tiempo cierto tacto. Era evidente: Tordelli gozaba del profesionalismo burocrático que te otorgan los años. Tenía más de treinta en la Administración Pública. Un hito que sólo podía hablar de una cosa: un amplio y concienzudo conocimiento de las maneras berretas que esparce nuestro sistema público local.
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