miércoles, 29 de abril de 2009

la hermana existe?

Volvamos, después de pulidas las nociones tordellianas, a nuestra historia: estamos en febrero o marzo del año 2001. Mi vida, como les conté, se limita a los negocios, el Ministerio, las paraguayas y a visitas “forzadas” a familiares y amigos. Mis intentos por salir de esa situación son un fracaso: la meditación me resulta un estado inalcanzable; incluso el tenis me deja de entusiasmar, requiere demasiada concentración. La lista sigue. En ese estado me encuentro una noche mientras miro tele y viene a mi memorio el protagonista de The Wall haciendo lo mismo que yo, cuando de pronto suena el teléfono. ----Querido amigo ----dice una voz que sin dudas es la de Tordelli ---¿Cómo va todo?

Como respuesta, lo más conciso que puedo, le relato mi estado; el cual resumo como "un profundo vacío existencial". No me interesan las cosas materiales; pero sería incapaz de dejarlas. Y el mundo espiritual me interesa, pero me resulta inalcanzable, concluyo dándome importancia por lo que creo una frase sublime o algo así.

Tordelli, al otro lado del teléfono, respira hondo. Es claro que, por su respiración, quiere decir que estoy errado. Y en un punto también su silencio transmite, creo yo, su desazón por mis comentarios. Debe creer que no entendí nada, pienso. Después, vuelve a respirar, con lentitud, y a la vez de una forma marcada, profunda, y por último dice: ---Vas a tener que seguir… El camino es largo. Bueno, te dejo ---concluye. Y me cuelga, sin mayores explicaciones, y sin sus proverbiales enseñanzas.

En ese instante por un momento me quedo con el tubo en la mano. Nadie me ve, pero me siento obligado a interpretar la escena con dramatismo. Después, me voy a la cocina, me sirvo un poco de vino y me pongo a pensar qué hacer. Sin duda este estado catatónico merece alguna acción extrema, reflexiono. Y sólo me imagino algo tremendo por el lado del sexo, pienso. No sé por qué llego a esa elucubración, pero por un largo rato pienso en cuánto bien me haría una sesión extrema con Flavia. Después, por esas cosas inexplicables, pienso que Flavia tal vez tuviera una hermana, alguien que pudiera sostener su legado, sus enseñanzas. Y en mi locura me propongo encontrarla.
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