miércoles, 27 de febrero de 2013

Preguntas que te dejan frente a la ternura


Los sentimientos, que son tan imprecisos, agudos, incisivos, son un furor que nos conmueve; de hecho, nos inquietan tanto que no hay forma de razonarlos. Al menos, según los usos y costumbres que, gracias a los efectivos sistemas de dominación, nos atraviesan. El resultado de ese dilema –sentimientos imprecisos versus discursos focalizados en el deber ser- es bastante triste, y consta de un montón de angustias que toman formas específicas según la dinámica que atrapa a cada persona.
 
En lo fundamental, la tensión se compone con un factor espectacular: la moral. Todo lo honesto, lo severo. O peor: todo lo preciso que debiera ser uno en sus actos y con sus emociones; todo lo que uno debería ser pero no es. En esencia, porque uno es –mal que nos pese- un manojo de contradicciones y dudas –¿qué hacemos en este mundo de la existencia?, ¿hacia dónde vamos?-, y tantas incertidumbres más. Preguntas que despiertan, para empezar, y con suerte, cierta ternura. La emoción que nos acerca unos a otros.
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