La fascinación que envuelve a las tumbas en un terreno
cubierto de un musgo muy agradable a los pies. Este recorrido justifica el encuentro
con el ser que en el interior de mi estómago grita de rabia y que, si alguna
vez se calma, será porque las caricias serán genuinas. Ahora lo veo: habrá una
entrega confiada, un abandono en el amor. Un paso más allá que implique
asumir lo más terrible para, después de todo, ir por la calle dispuesto a besar
a alguien. Entonces, los pájaros se posarán en el beso y el sol, agradecido,
se ocultará detrás de los árboles gloriosos.
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