No hay otra cosa; una pluma cae hacia el piso.
Que es un mar transparente. Esto ocurre una noche de verano que no tiene viento,
ni voces, ni otra cosa. Sólo pequeñas olas. Llegan a una costa que exige
caminarla porque tiene diseminadas, de tanto en tanto, cartas y fotos. Relatan lo
que les pasó a quienes nos precedieron. Veamos: los relatos no son muy
diferentes al nuestro. Repetimos nuestra condición en lugares que no podemos
nombrar. Imaginamos cosas, tenemos deseos que no podemos cumplir, y nos
conformamos menos de lo que debiéramos. Y a nuestro lado hay guacamayos
multicolores. Ellos viven su hermosura sin dramatismo y no dicen nada.
Archivo del blog
jueves, 7 de febrero de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
No hay comentarios:
Publicar un comentario