No hay otra cosa; una pluma cae hacia el piso.
Que es un mar transparente. Esto ocurre una noche de verano que no tiene viento,
ni voces, ni otra cosa. Sólo pequeñas olas. Llegan a una costa que exige
caminarla porque tiene diseminadas, de tanto en tanto, cartas y fotos. Relatan lo
que les pasó a quienes nos precedieron. Veamos: los relatos no son muy
diferentes al nuestro. Repetimos nuestra condición en lugares que no podemos
nombrar. Imaginamos cosas, tenemos deseos que no podemos cumplir, y nos
conformamos menos de lo que debiéramos. Y a nuestro lado hay guacamayos
multicolores. Ellos viven su hermosura sin dramatismo y no dicen nada.
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jueves, 7 de febrero de 2013
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