Se disfraza a veces el poema
como en un amanecer
dotado de un color ceniciento
que pronto anuncia su propia tormenta.
Y es la palabra la que a veces nace
de esa forma acorde.
Viene de una manera etérea
para empalmar con lo que resta de un día
que es fácil planteárselo
alejado de lo imperecedero
en el silencio que se corresponde
con la forma cada vez más
contundente de las nubes
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