Tal vez la mente, en el inicio de nuestra vida, establece sus modos, sus circuitos de supervivencia, y éstos quedan encriptados en nosotros, y nosotros, que no estamos realmente al tanto de esos canales que quedan construidos, vamos, días de días, años de años, empujados por esos mismos canales que en realidad vibran con métodos que responden a circunstancias y estados de un pasado remoto.
Es como que tenemos los vagones y las vías de una era antigua mientras transitamos el presente.
Y por supuesto, aun en un estado de consciencia respecto de esos métodos o cuadros, nos es altamente difícil modificar esas conductas porque ellas son esenciales en nosotros, se desenvuelven dentro de canales firmemente establecidos, unos que forman un esquema primordial.
Y es el desafío de una vida moldearlos.
Del mismo modo, que es nuestro desafío desprendernos de todos los mandatos, discursos y creencias, recibidas en ese esquema primordial para construir nuestro propio estar en el mundo. Uno muy íntimo, incomparable al resto y con sus propias medidas.
No pertenecer a determinado sistema, ser uno el propio sistema.
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