viernes, 30 de diciembre de 2011

Es dura la vida del artista

La aceptación de los demás: la mayoría de las veces es incómoda porque entre la expresión personal y el otro hay una distancia, un quiebre. Pocas veces hay verdadera empatía en términos de unidad. Sensibilidad, sos diáfana.

Qué sentido tiene pensar al otro y considerarlo a la hora de expresarse? Creo que poco, lo primordial es atender la necesidad expresiva de uno que de por sí está muy condicionada. Por ejemplo, con la idea del artista.

Versatilidad

Ella está parada a mi derecha y a la izquierda está él. Todos dicen que debería ser al revés pero, hay que tomar esas impresiones en serio? Es como cuando vas a un adivino y te dice lo que vas a ser en esta vida. En muchos aspectos eso que dice se cumple, y en otros aspectos no. En otros, pasa cerca. Pero, ¿cómo puede alguien hablar así? No le veo sentido más allá del juego que se entabla: poder analizar el lugar que tienen las creencias que nos determinan. Y más que nada: qué lugar le dejamos a lo que no creemos, pero igual consideramos. El ejercicio supremo de versatilidad. Despojarse del mayor número de creencias en pos de posibilidades, y lo mismo actuar. Conectarse con el sentimiento más que con la idea.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Los Rinpoches

Después de un tiempo, lo sé: cada mito se corresponde con una cultura. Cada inmersión se hace a través de coordenadas específicas que repiten un patrón que es humano y, según parece, se acerca a algo que es divino. No puede ser que tanta gente en tiempos tan distintos se saque el sombrero ante un sentimiento que te lleva más allá de lo posible.

Pero ningún espectáculo religioso, ningún discurso, puede acceder al sentimiento por el sólo hecho de ser transitado. Se necesita algo más íntimo.

lunes, 26 de diciembre de 2011

El fin de los valientes

Cualquier principio o dogma está limitado por el tamaño asombroso que tiene su oposición. Esa muralla que interactúa con el dogma alejándonos de una respuesta posible a nuestras dudas más importantes. Y sin embargo, nosotros insistimos en encontrar una respuesta que nos guíe. Es que la profundidad de la incertidumbre exige ser muy valiente, y uno no puede ser tan pero tan bravo sin garantías de ninguna índole.

El nacimiento del niño Dios

Un acontecimiento ocurre y después, como por arte de magia, se convierte en parte de una historia que crece hasta volverse sagrada. Queda así fuera de un contexto posible y de esa manera -alguien o algo- nos demuestra que existen cosas fuera de nuestra comprensión. Y sin embargo nos piden que las tengamos en cuenta.

El cosmos produjo una flor

Las cosas se mueven y progresan gracias a energías insondables que determinan los acontecimientos. De hecho los planetas se mueven, a veces chocan, y exigen dos por tres a nuestras emociones. Y a ellas, que son muy sentimentales, les cuesta aceptar esos cambios. Resultado: nuestra convivencia con el universo es ardua.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Estancia Muchas islas

Las voces hablan hasta que un rancho termina consumiéndose por las llamas en un paraje lleno de carpinchos y avestruces; jamás se retiran cuando uno se los pide. Los ríos son para que uno los nade a caballo y tienen víboras espantosas que crecen gracias a los roedores que ingieren. Hay camalotes con flores preciosas y, en pequeñas islas con nombres guaraníes, palmeras quietas. En los alrededores, hombres que dominan como nadie los cuchillos. Y cada vez a menos distancia, máquinas, alambres y papeles volando que comunican cosas e intentan asociar al paraje a un mundo que cada vez produce más.

Incógnita

Todos los cactus son hombres que se han quedado petrificados por una simple razón: se han muerto y han reencarnado como figuras estáticas de un desierto que casi no tiene pájaros. Los pocos que hay son carroñeros o pequeños. Atrás, las montañas tienen piedras con formas raras y monjas desesperadas que buscan a Cristo como quien desea acceder a un placer supremo y nada abnegado. Por eso nos causan gracia cuando no se dejan tocar por los chicos que llegan a los doce o trece años y necesitan descargarse. Pero ellas no les dan sus agujeros. En cambio, rezan y lavan sus ropas no sabemos dónde ni cuándo.

El campo que inmantaba

Los caballos vuelan y te permiten hacer
un montón de poemas. Sobre todo
si tenés una chica y te la podes culear.
 
Y si hay víboras cerca, la cosa
se anima más. Es como un huracán
lo que pasa. Algo estalla y atraviesa
un montón de hectáreas
con pasturas de miles de años.
 
Y todo eso deja surcos donde después
pasa el agua, y pronto llegan chimangos
de una dimensión despampanante. Así recuerdo
el campo. Un lugar luminoso incluso
en noches cerradas.

Por desgracia

Los árboles son muchas veces sagrados pero nosotros no sabemos lo que anidan. Ni lo que representan en realidad. Ni la gracia que tiene subirlos. Ni muchas cosas más que tienen que ver con la magnificencia. Una palabra que no alcanza para representar lo que son los árboles. Porque cualquiera que los haya visto o sentido lo sabe. Son sagrados, pero de un tipo de preciosura que por ser tan común no puede ser más que disfrutada en silencio. Como la mayoría de las cosas que pasan y nosotros no podemos aprehender porque algo que tiene que ver con un dolor previo nos suprime el placer. Es como que lo aplaca. Eso son siglos de dominación. Miles de años dirigidos al control. Y lo mismo hacemos con nosotros mismos, por desgracia.

Año setenta

A ese trabajo lo quería hacer bien, pero no es posible
hacer todo bien en el tiempo que uno tiene para hacerlo.
O no sé bien lo que pasa, pero hacer las cosas bien
es imposible casi siempre. Y las pocas veces que salen bien
de todas maneras te queda eso que no alcanzás.

Es como si la retribución amorosa nunca fuese suficiente
porque en el fondo se esconde un mundo subterráneo
lleno de dragones sedientos que, entre llamas, surcan
nubes negras que emanan volcanes
siempre por entrar en actividad a lo largo de toda una isla
que se llamó sin tono ni gracia años setenta.

Mikilo

Es un duende que viene
durante la siesta para que
nos prendamos de sus juegos
y no terminemos de reirnos.

Vive bajo una parra que tiene uvas
doradas, se viste con hawaianas,
toma una bebida alcohólica
hecha con tunas, canta con una voz
dulce y entonada, chupa los pies
de todos (sabe que nos encanta).
Adora ir con pasos cortos y dice
mucho después te lo explico
mi amor amoroso.

Desierto riojano

 
Al final están los cerros y el sol
perdiéndose entre nubes que prometen
truenos hermosos y dioses que emergerán
durante la noche para bajar a los fogones
que en poco tiempo armaremos para cantar
y tomar hasta que amanezca, y por fin debamos
dormir bajo los árboles sin que importen
las moscas ni el calor. Las zapatillas de todos
son nuevas. Hemos cobrado el sueldo
y decidimos comprarnos las mismas. Esas cosas
son las que te dan felicidad. Los detalles
que no sabemos muy bien por qué
te hacen sentir mejor sin pensar.
 
Como cuando te hacés
amigo de un perro.

Intuición

Los peces se expresan
con gestos y modos que
todavía no desentrañamos.

Como tampoco desentrañamos
sus expresiones.

Y sin embargo el mar está lleno
de peces que no vemos ni sentimos.
Y ellos, sin que les interese,
lo surcan de a millones.

Caudillo

Ahora duerme en el deck de la pileta del mejor hotel de un pueblo en el medio de un desierto del que es él es intendente hace unos diez años. Afuera está su auto. Todos lo distinguen por una calcomania que dice "Infierno domado" en letras rojas sobre el negro de la máquina. Sus días los dedica a arbitrar los deseos de muchos con herramientas que los medios titularían como corruptas y el código penal reprendería con penas de prisión efectiva. Pero nada de eso lo atribula. Su meta es tener mucho y de las maneras que hoy por hoy la sociedad se lo permite -un punto algo difuso ese-. Su causa es la del éxito. Sabe que cualquier discurso es bueno en la medida que signifique obtener algo. La gente está llena de intenciones y deseos. Así ve a los humanos de hecho, como bolsas de deseos que compiten con el suyo. Por eso cuando puede descansa. No es fácil su vida pero a él le resulta ser quien es, y se gobierna a sus anchas.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Paradiso Magenta

Acá la gente anda descalza, se viste con sábanas blancas y se rien bastante. Toman cosas livianas como té de durazno. No conocen el papel ni la escritura y apenas le dan uso a las palabras. Mean atrás de los árboles, se bañan en los ríos que atraviesan las calles, duermen bajo árboles inmensos, van de la mano y dejan que algunos perros -que no son de nadie- los husmeen un poco.

Más tarde se sientan a mirar las colinas mientras el sol se pierde más lento que en otros lados y los últimos pájaros cantan. No son muchos y viven en casas con nombres extraños. A ese lugar le puse Magenta pero tiene otro nombre que no se reproduce en un idioma posible.