Acá la gente anda descalza, se viste con sábanas blancas y se rien bastante. Toman cosas livianas como té de durazno. No conocen el papel ni la escritura y apenas le dan uso a las palabras. Mean atrás de los árboles, se bañan en los ríos que atraviesan las calles, duermen bajo árboles inmensos, van de la mano y dejan que algunos perros -que no son de nadie- los husmeen un poco.
Más tarde se sientan a mirar las colinas mientras el sol se pierde más lento que en otros lados y los últimos pájaros cantan. No son muchos y viven en casas con nombres extraños. A ese lugar le puse Magenta pero tiene otro nombre que no se reproduce en un idioma posible.
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viernes, 23 de diciembre de 2011
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