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sábado, 24 de diciembre de 2011
Caudillo
Ahora duerme en el deck de la pileta del mejor hotel de un pueblo en el medio de un desierto del que es él es intendente hace unos diez años. Afuera está su auto. Todos lo distinguen por una calcomania que dice "Infierno domado" en letras rojas sobre el negro de la máquina. Sus días los dedica a arbitrar los deseos de muchos con herramientas que los medios titularían como corruptas y el código penal reprendería con penas de prisión efectiva. Pero nada de eso lo atribula. Su meta es tener mucho y de las maneras que hoy por hoy la sociedad se lo permite -un punto algo difuso ese-. Su causa es la del éxito. Sabe que cualquier discurso es bueno en la medida que signifique obtener algo. La gente está llena de intenciones y deseos. Así ve a los humanos de hecho, como bolsas de deseos que compiten con el suyo. Por eso cuando puede descansa. No es fácil su vida pero a él le resulta ser quien es, y se gobierna a sus anchas.
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