sábado, 24 de diciembre de 2011
Por desgracia
Los árboles son muchas veces sagrados pero nosotros no sabemos lo que anidan. Ni lo que representan en realidad. Ni la gracia que tiene subirlos. Ni muchas cosas más que tienen que ver con la magnificencia. Una palabra que no alcanza para representar lo que son los árboles. Porque cualquiera que los haya visto o sentido lo sabe. Son sagrados, pero de un tipo de preciosura que por ser tan común no puede ser más que disfrutada en silencio. Como la mayoría de las cosas que pasan y nosotros no podemos aprehender porque algo que tiene que ver con un dolor previo nos suprime el placer. Es como que lo aplaca. Eso son siglos de dominación. Miles de años dirigidos al control. Y lo mismo hacemos con nosotros mismos, por desgracia.
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