Te oscurecés junto a la luz, me rozás,
y una vez encima volvés a demostrarme
la capacidad que tiene.
Después, en fila, cuando el sol se eleve
retornaremos a nuestros puestos.
Trabajo por unos pesos, tengo una
Kawasaki y a la tarde, acostado,
miro las nubes.
Hace rato escuché algo.
A veces pasa, aunque nunca
lo comento.
Hoy escuché: no te hamaques
en algo extraño. Pero esta noche
nada de lo que puedan decir
evitará mi función sobre una alfombra
con caballos azules y dorados
que impecables levantan vuelo.
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lunes, 25 de julio de 2011
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