Iba con un amigo y Roger Federer en la cabina de un avión.
Lo piloteaba Roger que, a la hora de aterrizar, equivocaba
la maniobra y casi chocábamos contra un edificio. Después,
Roger volvía a realizar un medio círculo alrededor de la pista,
y otra vez en altura, mi amigo preguntaba: ¿no querés mejor
saltar en paracaídas? Y yo respondía: no está bien,
aguanto, Roger lo va a intentar de nuevo, y sonreía.
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