Las fábulas que de alguna forma indecible
circulan por encima de los estanques
nos incitan a buscar a esas chicas que alguna vez
vimos y que ahora desde nuestras oficinas
con vista a la entrada de un subte
añoramos de pie.
Cinco y doce de la mañana. Sentado en el living de mi casa, escucho un colectivo que hace sonar sus frenos, luego un auto con la música estr...
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