Hay tardes que cuando el pez salta
ese mundo que está afuera lo llama.
El oro sobre el oro de los ríos.
Y en ese más allá
se reconoce una bola de fuego
que se interna en un lugar
también fuerte.
Y entonces se imagina subido,
él un pez frente a otro pez,
todavía más grande, yendo a los saltos,
hasta esa bola de fuego,
que se sumerge en el agua.
lunes, 3 de noviembre de 2014
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