Charlamos con mi hijo sobre el
por qué de muchas cosas
hasta llegar al no sé.
Después nos quedamos con
la vista fija en la enredadera que cubre la casa,
como a la espera de que por lo menos
esa planta tan magnífica hable.
Pero no habla, sólo cantan los pájaros
en los árboles a nuestras espaldas.
Celebran algo, digo de pronto,
sin mayor explicación.
Y mi hijo asiente.
Archivo del blog
martes, 9 de diciembre de 2014
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Caleta Tankah 2
Ida otra vez a la caleta Tankah. Arribo demorado a las dos y diez de la tarde. Pasamos el ingreso, siempre injusto; cobran una entrada al c...
-
Me levanto poco antes de las seis de la mañana con una fuerte contractura, producto de un asunto de trabajo que se complicó por la impericia...
-
Una vez levantado de la siesta, y luego de quedarme mirando el techo un buen rato, decidí que lo mejor sería terminar algunos dibujos que te...
-
Sigue el ritmo de los días y las estaciones, con la alegría de quienes viven el instante como los pájaros. Cada mañana, gracias a su sonri...
No hay comentarios:
Publicar un comentario