Salir de la obra de uno
para entrar en la de muchos
y descubrir que por todos lados
hay obras, y que por todos
lados están como a la espera
que uno las disfrute.
Veamos algunos ejemplos:
las olas llegan una y otra
vez a la orilla.
Los loros buscan ramitas
para sus nidos.
Los teléfonos suenan con
amables tonos zen.
Las señoras, en un pueblo del norte,
todavía lavan la ropa en el río.
La manera como algunos
paran los taxis, las fantasías propias
que a veces parecen ajenas.
El silbido de uno
respecto de la canción
que tenías en tu mente.
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miércoles, 3 de diciembre de 2014
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