La mente busca imágenes
que la aceleren un poco más todavía,
como si su fuerza pudiese trabajar
para enloquecer una extraña sensación
que se presenta cuando las gotas caen
en el parabrisas
y me pongo a mirarlas.
Hay formas y formas de recordar las cosas;
lo extraño es que muchas veces ellas
se presentan de manera reiterativa:
lugares que uno conoce en detalle pretenden volverse
todavía más puntuales.
¿Para qué están los métodos obsesivos en uno?
¿Para fijar escenas y conceptos que reafirmen
ciertas direcciones?
Y sin embargo, las direcciones que tomo
son bastante aleatorias y la única calma
está en la poesía china.
¡Qué bella que es!
La manera espontánea con que los poetas
de entonces aluden a las montañas,
a los ríos e incluso a los monos.
En especial, cuando los hacen aullar,
que es lo que hace mi mente
cuando ando por la calle.
Una y otra vez habla.
Habla, y se repite.
Ya va a callarse. Eso por suerte lo sé.
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jueves, 4 de diciembre de 2014
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