Hay una inmersión en las molestias del cuerpo
que generan las variaciones musicales en el estado
de ánimo. Esas que rondan los paréntesis
de felicidad que alguna vez se tocan.
Las consignas son claras para los niños.
Los adultos tendemos a creer
en cosas más palpables.
Los taxistas, por ejemplo, en su trabajo
Horas y horas llevando gente de un lugar a otro.
Por eso tantos se persignan frente a las iglesias,
azorados -dicen- por la devoción que uno debe tener
hacia lo incomprensible.
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lunes, 8 de diciembre de 2014
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