Tengo fuerzas para ir hacia la serenidad de la luz
de incontables seres que a mi lado me otorgan
la fuerza de ese misterio superior
que estaba dormido en mí, y que ahora,
fulgurante, late en cada punto de mi cuerpo
hasta expandirme en un cuenco donde
puedo comer y beber lo que preciso
para estar junto a mi paz
que se nutre de lo que está lejano
y lo vuelve cercano.
Todo es como cuando el viento sopla
una mañana de verano de un día al fin fresco.
Aquí hubo una tormenta y el sol,
de un momento a otro, está por aparecer
sobre un mar tibio y agitado.
domingo, 5 de febrero de 2017
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